Wednesday, January 17, 2018

La sandía de carne amarilla/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Maryland.

Tengo que recurrir a Cézanne para sentir sobrio este texto. A él porque de él tengo las imágenes más bellas de la fruta roja. Pero hoy, agosto de los Estados Unidos, encontré la sandía con interior amarillo. Raro cuartearla al mediodía en que decido contar.

Me he sentado. Mis manos cortan la carne dorada. En la soledad se manchan de jugo las hojas de mis poemas. Hay hierba. Mosquitos. Así me sumo, maravillado, en la sandía. 

Pienso en el inesperado mundo de Dios y deseo tanto a César Vallejo en casa, comiendo de mi amarilla sandía amarillo sueño, viendo juntos colgar las manzanas del árbol como amantes idas.

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Publicado en VIRGINIANOS (Los amigos del Libro, Cochabamba, 1991)
Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 17/02/2018

Tuesday, January 16, 2018

Inmensas cárceles bajo la luna/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Bernanos en Los grandes cementerios bajo la luna denunciaba los totalitarismos, de guerra entonces. En el diario traído a las tres de la mañana leo que el ejército de Estados Unidos está preparándose para una guerra que no quiere, pero que desea, como supremo legado, el troglodita hermafrodita Donald J. Trump, presidente por encargo de Rusia y líder de las hordas antropófagas blancas, armadas de biblias y metralletas.

Evo Morales pasea campeante una falsa sonrisa por el territorio boliviano. Esa dentadura -dichoso él si es natural- obviamente devora de lo mejor y selecto, y caro y exclusivo, porque cuando uno no tuvo, quiere, y lo que no fue, tiene que ser, a fuerza si es necesario. Mucho verbo de pobre y sollozos de mísero para embaucar ineptos y afianzarse entre zainos. Trump, Evo Morales, Franco, Stalin, tienen en común esa urticaria que llaman poder, que se les escurre como fina arena por las nalgas y les llega hasta el cerebro. Ay de ti, quién seas, que digas algo en contra del genio de los poderosos. La vanidad no va acorde con aceptar críticas y los peluquines de los dos primeros ni siquiera con la sencilla lógica de los peluqueros. Ambos, Donald y Evo, son fraudulentos comenzando en la pelambre, simulados como buen trago cuando son resaca. Pero se adoran así, idolatran el burdo esquema de sus personalidades adulteradas; se aseguran también de la recua que muja al unísono con ellos, de que sus hazañas se canten con mayor fanfarria que las de los héroes ante Ilión. Viven intensamente una década de gloria (algunos un poco más) para terminar de manera triste y hedionda con los pantalones cagados. Josef Yugachvili se creyó muy grande y resultó ser pequeño, insignificante, pañal desechado y sucio.

Evo, el Intocable, el caudillo milenario, el guerrero del sur, al que le cayó la luz del sol como tromba en la cabeza al abrirse las nubes, y obviamente enloquecerlo, jura y rejura que de allí –de él- hacia adelante o atrás no hay nada. He de verlo hecho un monigote y al observarlo pensaré que no era tan grande como se creía. Ni imponente ni glorioso. Su segundo no vale siquiera unas líneas. Ese anda en el asunto de dinero en efectivo porque al existir Morales a él se le cerró la silla como cilicio y sin mejora. Pues a lucrar, divina inteligencia, que para contar monedas no hacen falta títulos y menos veinte mil libros jamás abiertos; sobra con un abecedario muy mal aprendido y contoneos de cabaret.

Me preguntan en qué contribuyo yo al debate. Respondo que lo mío es destruir, que otros imaginen sociedades y repartan estadísticas. Construir nunca fue mi fuerte ni pequeño alojamiento. Envuelto en individualismo con halo de sueños de Stirner, me dedico a desacreditar a los innombrables, a pegar con combo en escalinatas de mármol y en áureas testas imitadoras de dioses. Este gremio, el de los que con paciencia y picota socavan cimientos y deslizan hacia el piso a tiranos, tiene importancia vital porque enfrentan de lleno a los déspotas donde más les duele. La burla es un arma de múltiples filos y detonaciones seguidas. La que quita a los dementes la infausta parafernalia de su circo, que les desdora los marcos y excrementa sus discursos. La que hace gala de imaginación ante lujurioso prosaísmo.

Si los dejamos sueltos, si no les arrojamos dardos envenenados sin pausa ni descanso, han de traer la muerte. Que ellos son los que levantan muros y ponen barrotes. No dudan en que semejante idolatría por hierro y mazo ha de comprarles paz. Aterroriza para reinar, planta emergencias ficticias de bombas coreanas sobre Hawaii, inventa leyes y crea castigos. El silencio de los cementerios, el de los inocentes, pero sobran tumbas, les diré, para cualquier medida y peso. No hay restricción. Cuidado.
15/01/18

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 16/01/2018

Imagen: Edith Birkin/The Death Cart - Lodz Ghetto, 1980  

Tuesday, January 9, 2018

De ascos y otros/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Asco tuve desde el principio. Pensé, y lo dije, que había que dar la oportunidad al entonces candidato Morales. Razones de más había, no personales ni anecdóticas sino históricas. Lo dije a pesar de ya haber echado encima una andanada de peros por lo que se intuía venir. Asco tuve, desde el día uno y asco tengo.

Se escribe, hoy, sobre el asco y está bien. Alguien tiene que decirlo que mucho hemos callado, mucho apoyado, aceptado y festejado. El carnaval aparece casi siempre como la suma del festejo y la cachondera. Pasado eso a la política, pues ¿para qué esperar más? Felices y arrechos, así estaba Bolivia entonces, cuando se entronizó al Inca. Deseos y apetitos que se regó con alcohol, a la moda del Alto Perú, y con oro. El dinero compra más adeptos que Cristo. Y si se es buen ladrón, en el sentido de ducho, sobra por un tiempo para dominar conciencias, si las hay.

Entonces, 2006, la crítica no era ni bienvenida ni escuchada. Hay una revolución, la ignorante, que acepta con ojos cerrados propuestas de cambio. Es lógica, comprensible, pero ciega. Unos se aferran a ella por convicción, por estertores de náusea hacia nuestra indomable y corrupta historia. Otros, intelectuales dicen, asumen que la semilla de verbo que desperdigaron floreció. De estos, un puñado sobrevive al juicio de la historia. La mayoría pertenece a esas izquierdas marihuanas pletóricas de filosofía barata, de agua de colonia de burdel. Hay, por un lado, entre los notables del proceso que mantiene a Evo Morales, el bestia alcoholizado con machete en mano, chinos los ojos, vidriosos, y la baba verde: hijo sagrado de planta maldita y, por otro, el señorito de calzones blancos para quien la rebelión pasa por el poder y el latrocinio. Ambos, incapaces de razonamiento, tendrían que ser materia de paredón y no otra si en guerra estuviéramos ¿lo estamos?

Lúcidos comentarios hay de hace unos años acá. Se dieron tiempo, tantos de ellos, para hallar valor o desencantarse. Los que estuvimos escribiendo y publicando desde el día uno, los “fachos”, “reaccionarios” y epítetos afines, fuimos pocos y creo que pocos seguimos. Hablamos de una labor de casi doce años, de estrellar la cabeza contra el muro, aguantar insultos, verborreas tufosas de tartufos prostituidos y cornudos. El sexo, siempre presente en los autoritarismos, y el asco indecible de los que entregan hijas, novias y esposas al pandemonio plurinacional, ávido y promiscuo. Había uno, esposo de diputada, creo, gran ratero, que ostentaba la cresta de un alce con alegría inusual. He observado que sigue en las lides, insultando a otros hoy mayores, posibles candidatos a presidentes, probables rivales de su amo. Lo que perdió en la bragueta lo ganó en los bolsillos. Para los inmundos, hasta lo íntimo implica negocio. Que siga la juerga.

El asco obliga a vomitar. Existe el vómito común, apoyado en pared o con cabeza en urinario. De nada sirve; sucio tributo a Baco. El otro es beligerante, belicoso, desarreglado pero sobre todo iconoclasta. No teme destruir ídolos, en piedra o barro, ni levantar casas sobre las ruinas. Hoy que se agitan los ánimos y caldean los brazos, se debe actuar. Si escritores, con pluma. No hablamos de golpes de estado y menos de conjurar a la oprobiosa institución armada. A esos se compra o alquila. Se trata de resistir. Si el individuo Morales quiere una corona, que al menos le pese, le tuerza la cabeza con el tiempo, agache su cerviz y muestre el cuello por donde corta limpia la revolución. Organizar; ahí está la clave. Y ya lo decía William Blake, que los tigres de la ira (que han de desatarse) son más sabios que los caballos del placer. A la arrechera plurinacional, la furia de Savonarola.
08/01/18

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 09/01/2018

Imagen: Peter Bruegel el Viejo/La caída de los ángeles rebeldes, 1562

Wednesday, January 3, 2018

Como se nos van los años…/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

… y ahora cuesta recordar, cantaba Piero. Aunque cada año es lo mismo, ponerse a hacer memoria, hablar de lo que fue hace poco, de lo que ya no será; siempre lo repetimos. Decidí, entonces, y circunstancias lo obligaron, esperar las horas de este último en completa soledad, a ver si hacía diferencia, si ante la ausencia de voces se conjuraban al olvido los fantasmas. No fue así. El cuerpo está condicionado a aguardar la medianoche de fin de año que esta vez vino gélida, gris, con la luna apenas brillando en un terciopelo opaco que cubría el cielo y eliminaba sus estrellas.

Me vestí. Una vez cada diez años o me regalan o compro alguna ropa nueva porque la necesidad obliga a que no parezcamos mendigos –y lo seamos- y disimulemos a pesar de que el público no vino o simplemente no existe. Pues zapatos, camisa, pantalón, nuevos. Afuera, del vano de la puerta abierta hacia la noche, oscuridad. El piso está duro, congelado; da siempre la nieve, o el hielo, sensación de suciedad, de desaliño, de tiempo abandonado.

Reviso la maqueta de un libro que se incuba en Zaragoza. Pienso, recuerdo, que la columna de Durruti podía ver desde el frente las torres de Zaragoza. Era, para mí, como un bloqueo mental, lo imposible, lo que nunca se encuentra ni cruzando el río. Es que la revolución, la “verdadera” en esta era de verdades y mentiras, no podía pasar de un sueño loco, de la visión en la distancia de una mujer que asoma al alféizar y apoya sus blancas tetas que no podremos tocar. Y sabemos que esa piel treintañera ha sido recalentada por el sol y que debe sentirse agradable, mullida, descanso para labios cortados de sed y sal. En la Zaragoza inalcanzable, crecen páginas mías, tejidas en muladares del sur, el kilómetro Cero, donde la vida nunca valió nada. Y menos la muerte. Cochabamba, jardín de la república. Flores negras.

En sesenta segundos el año se fue. Entre lo viejo y lo nuevo, un instante. Entre tú y yo, siendo tú ahora que estoy solo una muchedumbre de ellas, disformes, amalgamadas, conjuncionadas, confundidas. El desafío radica en que año que pasa, año en que las percepciones tienen que ser más agudas. ¿De qué sirve el aprendizaje si no? Observo. La vecina de la izquierda tiene el televisor prendido, sin volumen. En la sala, un foco ilumina un bastante buen cuadro abstracto. Los de arriba, los armenios huidos de Siria, guardan una oscuridad silenciosa y asustada. Ese es un año, el que marca distancias que pudieron haber sido fatales. Imagino que miran con sus inmensos ojos oscuros las figuras casi humanas que el frío forma entre las corrientes de aire, lo que en el medioevo eran espectros y no son y recuerdan las reales, humeantes y dolorosas, de hace un año. Hace pocos días me trajeron gran cantidad de nueces de regalo. Agarro tres a cuatro al mismo tiempo y las rompo bajo presión mientras tomo un café aromatizado. Cuánto podrá significar una nuez, muchas en este caso, para un sirio que escapó de la muerte… Feliz Año Nuevo.

Cuesta recordar, y cómo no si día que pasa día en que acumulamos. Recibo cartas, felicitaciones, buenos deseos y un gasto de optimismo. Un año atrás, otro balbuceando en fracción de segundos. Esto del tiempo es maldad divina, porque sin calendarios quizá ni cuenta daríamos que ayer difiere de hoy y que mañana quién sabe.

En la pantalla el hielo antártico atenaza al Endurance. Hay olores de fricasé por el encapotado cielo de Aurora. En algún lugar, no lejos, bolivianos han hecho campamento y cocinan.
01/01/18

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 03/01/2018

Tuesday, January 2, 2018

Campanas de mediodía/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Después de la derrota que le causara Timur (1402), el Imperio Otomano se levantó otra vez. Sus ojos recorrieron Europa. Las cuatro primeras décadas del siglo XV sucesivas invasiones penetraron en su territorio.

Hungría tenía un cordón defensivo en los Balcanes. Las tropas que enfrentaban a los turcos respondían al mando de Janos Hunyadi. Tras muchas victorias defensivas, los húngaros se lanzaron en ofensiva sin gran éxito.

En 1453 la cristiandad se vio conmovida por un hecho sin precedentes: la toma de Constantinopla por Mohammed II. La ambición de este hombre era llegar a Roma, pero el camino de Italia pasaba por Hungría.

En 1456, a tres años de la caída de Bizancio, Mohammed atacó las fronteras meridionales del reino. El baluarte más importanate, la "Puerta de Hungría", era Belgrado. Se le puso sitio.

Un predicador, Juan Capristán, pidió una Cruzada contra la Media Luna. Las fuerzas reunidas, muy pocas en relación al inacabable ejército infiel, se sometieron a las órdenes de Hunyadi...

Un día "vaporoso" de 1456 entraron en combate con los sitiadores de Belgrado. Juan Capristán iba en vanguardia portando una cruz metálica de tres metros de alto. Los turcos fueron vencidos y el peligro se alejó de Europa por un tiempo.

El Papa, contento con el triunfo de Janos Hunyadi, determinó que en todo el mundo cristiano se tañesen las campanas a mediodía en recuerdo de la batalla. Por eso todavía hoy suenan a tal hora.

Cuando las oigan, piensen en los sables y la sangre de Belgrado, el Belgrado de los jenízaros muertos.

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Publicado en TEXTOS PARA NADA (OPINIÓN/Cochabamba), 29/01/1988

Imagen: Janos Hunyadi

Monday, January 1, 2018

La mañana fría/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Febrero, 25, 1990.

Cuando abrí las cortinas, un pájaro estaba en la enredadera, afuera. Quería protegerse del viento. Al moverme lo espanté. Ante mí, la ventana y las calles de domingo vacío. Miré la habitación, las postales y los discos nuevos, y supe que en Bolivia había el Carnaval ya comenzado. miro los años pasados, los febreros, las fotografías de Francine, Omar y Raúl. Camino otra vez Cochabamba y aun en el dolor del abandono, de las amantes asesinadas y del populacho, había sol y cerveza. Pero aquí, acabando de firmar las cuentas, preparando lo brazos de lunes, olvidado por mi chica que pasea a su madre, no tengo nada. Y cheques y semanas se van yendo, decolorándose mis ojos. No siento ganas de leer. Quiero dormir, abrazarme a mis piernas, poner la almohada muy cerca, cerrar todo (tapones en los oídos). Puede que así escuche sonar las bandas y vea alborotados los cabellos de mi amada y los amigos al amanecer.

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Publicado en VIRGINIANOS (LOS AMIGOS DEL LIBRO, Cochabamba, 1991)

Imagen: Carnaval de Bolivia (Cambio.bo)

Sunday, December 31, 2017

Pictures of you

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

De nada cuentan, ni sirven, los números del calendario. El tiempo se nota en lo frágiles que se ponen los huesos ante el frío; en no querer, más que poder, iniciar el día a la intemperie con una sensación térmica de -25.

Quise una foto tuya, una, la única que desdijera que esto se decanta ya sin obstáculos. No la enviaste. Es fin de año y las nubes de correos se cancelaron hasta de aquí a dos días. Me digo, para mentirme. Mientras tanto, una botella intocada de gin se acerca a su destino de muerte. Un vaso y una botella de gin. Nada de hielo que demasiado hay ya afuera.

Recurro al archivo y te encuentro con la boca entreabierta, dios qué blanca tu piel contra la mía. Combate de colores y de aproximaciones tan distintas al afecto. Soy indio y lloro. Y subo sobre mis túmulos insondables para recordarte, idolatrar el instante de tu dominio y mi placer. Me conquistaste, embriagaste con tu piel. Desde entonces no soy; los túmulos se hundieron, la historia con ellos. Quedé solo un halo evaporado de lo que fuera sólido, duro, guerrero…


Y extraño, porque ya no está, ese dejo sensual de un portugués absorto en amar.

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Imagen: Giorgione/Venus dormida