Thursday, December 31, 2009

Rumania profunda


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Panait Istrati, el gran escritor rumano, trajo a casa su país de nuevo. El cerro cochabambino, donde vivo, es árido, pero el sol de desierto agrada. En las tardes me siento a leer. Ignoro las bocinas y la escandalosa velocidad de los automóviles. Me ensueño en algo, y ese algo ha sido hoy Rumania.

"Tsatsa Minnka" es el último libro de Istrati que leí. Lo conseguí por tres pesos en los muros del correo, en una edición argentina de 1947. El mismo día, Huysmans y Paul Bourget me cayeron de suerte y más baratos. Ventajas del hombre que dispone de horas y de una mujer que trabaja.

Istrati describe en la obra los alrededores de Braila, su ciudad, y los avatares del pueblo, las imprevistas desventuras y felicidades que en Rumania son producto de duendes burlones. Cerca de Braila se unen el poderoso Danubio y la conjunción de otros dos ríos que conforman el Seret. En el delta vive la gente y disfruta de la benignidad de la tierra. Pero cuando ya todo se ha asentado y la existencia parece promisoria, los ríos arrebatan bienes y vida. Es un ciclo mitológico de guerra entre las dos aguas; los hombres no significan más que las altas cañas que cubren la marisma.

Bandidos y pantanos son temas característicos en Panait Istrati. Los haiduks, guerreros independientes de los bosques, luchan contra turcos y boyardos: el invasor es tan malo como el noble.  Se idealiza al individuo. "Codine", un cuento del autor llevado al cine y premiado en Cannes hará veinte años, trata de la vida de un campesino humilde, hercúleo y bueno. Las desgracias lo envían por las miasmas, pantanos formados en las desembocaduras de los ríos, con una vegetación compuesta sobre todo de cañas y arbustos altísimos; vivienda de negras viscosas serpientes que se enmarañan y cierran el paso a los hombres. La marisma es sin embargo acogedora con los fugitivos, los esconde. Al salir de ella los hombres se han convertido en una suerte de bestias; sucios y peludos. Así Codine la abandona para regresar al pueblo, más rudo y más bondadoso que antes. Es útil destacar que Panait Istrati siente aversión hacia los hombres físicamente débiles; ellos, dada su incapacidad muscular, son maleables y traidores; no el fuerte, que es, por lo general, tolerante y pasivo. El boyardo es un hombrecillo insignificante, igual que el capitán de soldados o el rico comerciante. Los pescadores, los obreros, las infatigosas hembras del pueblo representan lo opuesto. Y como añadidura, la plebe tiene al lado de su fuerza física un aguante inmemorial ante la desgracia. Las inundaciones del Seret o del Danubio no les causan llanto, los trasladan hacia las colinas, donde luego de levantar sus chozas se entregan al vino y al baile.

Ya que mencionamos la música, Rumania es un pueblo en cruz. Sus sones le vienen de los antiguos eslavos y celtas, de los más recientes romanos, y de las dos tribus más reprimidas de la historia: zíngaros y judíos. Claro que hubo, y hay, influencia alemana, y polaca. El país es una conjunción riquísima de cultura, de ahí la extraordinaria vitalidad de su ritmo. Hace un par de años se editó un disco compacto sobre la perdida música de los judíos de Transilvania y era como rodearse de misterio, como descubrir luego de una centuria el espíritu que quiso poner Jules Verne a su novela "El castillo de los Cárpatos", un territorio envuelto en niebla, donde los árboles pueden ser nigromantes disfrazados. En Verne, las montañas rumanas son como grandes aglomeraciones de moho, siendo el moho representación del miedo, del líquido, de lo putrefacto.

Moho, niebla, oscuridad, rocas frías, muestran la imagen que siempre tuvo Europa de estas tierras alejadas. Visión que nunca fue mejor representada como en la película "Nosferatu" de Werner Herzog, en la toma del carruaje atravesando el Paso Borgo. Francis Ford Coppola, en "Drácula", con mayor tecnología y dinero, no logró darle la misma intensidad. La imagen de la sombra, la barranca que se adentra hacia la nada, luces intermitentes dan la perfecta sensación de horror. Coppola sí tuvo éxito haciendo del cochero un monstruo semi-ave, con fantasiosos lobos alrededor. Me acuerdo del ingreso a Potosí, unos kilómetros antes de la ciudad, por aquel cañadón donde se encuentra, o encontraba, la "cueva del diablo". Son más de diez años que no transito la ruta Oruro-Potosí, pero siempre que lo hice, atravesando aquel paso ya crepusculado, sentí terror; significaba en mi imaginación la puerta del pasado, de las alabardas ibéricas y las sombrías paredes. En "Nosferatu" reviví los miedos de Potosí, el recuerdo de un pasadizo colonial, cerca del colegio Pichincha, que era una mazmorra horrible...

Se ha adentrado la noche. El cine me traslada a la historia más antigua del conde Dracul, el empalador: Vlad Tepes o toda una generación de depravados que el tiempo ha conjuncionado en uno. Las ruinas de su castillo en Targoviste siguen allí, una torre que mira al pasado, con ventanas como ojos que esperan a los turcos. Y el bosque, los árboles que añoran las manos que los hacen agudas picas para empalar. Bram Stoker escribe sus fantasías de inglés, pero al fondo de lo que ha inventado, las rocas de Targoviste hablan en verdad de miedo. En el siglo XV un manto de sangre se había extendido por Europa Oriental. Y Vlad Tepes no fue la excepción, es la modernidad la que lo ha hecho único. Basta leer a Alejandra Pizarnik, en "La condesa sangrienta", para afirmar un tiempo enfermo, o al escritor rumano-norteamericano Andrei Codriescu que escribía el año pasado sobre la misma Erzebet Bathory, la criminal condesa que se bañaba en sangre, inventora de suplicios. Erzebet fue finalmente descubierta pero, perteneciente a una de las familias más influyentes de Hungría, sólo se la condenó al encierro. Envejeció en su castillo, de puertas lapidadas, sin ver nunca más seres humanos, sin jovencitas en las cuales ejercer su hechicería tratando de aprehender lo intocable, la eterna belleza. La soledad del torturador: de la princesa, de Dracul, en un grabado alemán, que almuerza llorando mientras sus sirvientes empalan y mutilan alrededor suyo a los prisioneros.

Pero el recuerdo más vivo que tengo de Rumania data de mis diez años, aproximadamente. Entonces mi hermano me llevó al cine a ver "La Ultima Cruzada", la historia de Miguel el Valiente, el Bravo, Miguel de Valaquia. Este príncipe valaco unificó Rumania, por primera vez y por espacio muy breve, contra los turcos. Las imágenes no se me borraron: una impresionante decapitación, las innúmeras carretas llenas de niños blancos rumbo a Constantinopla: futuros jenízaros y eunucos; un grupo de hermanos rubios, guerreros que perecieron de a uno: es vívida la muerte del más joven de ellos en un torrente. Esa niñez era bella y en mis tempranos juegos, por mucho tiempo, yo fui Miguel de Valaquia. Mapas, mi padre, los libros de historia, me fueron descubriendo las tierras que el príncipe había convocado. Bien pronto, y ya leyendo historia polaca del siglo diecisiete, Rumania apareció otra vez, cuando las tropas del rey de Polonia invadieron y dominaron a los sanguinarios vospodares transilvanos. En realidad no se puede hacer separaciones. Esas regiones, todas, son una y grande: Moldavia no se separa de Ucrania, ni Bohemia de Galitzia, y Besarabia es tanto parte de Rusia como de Rumania. Mas, ya que divisiones políticas dividen la tierra, decidí hablar de los rumanos específicamente.

En el televisor alguien menciona la lluviosa noche de Atlanta. Ahí está, eso es Rumania para mí, lluvia, niebla y noche...

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Publicado en Los Tiempos (Cochabamba), julio 1996

Imagen: Castillo de Peles, Sinaia, Transilvania


Lenin/AñOS SOVIETICOS


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El fantasma del comunismo recorre el mundo; un alma en pena y un cadáver embalsamado, faraón moderno, se acerca a la tumba de los hombres comunes. No lo puede evitar.


Es tiempo antiguo y un tren camina Rusia. Lenin viene y despierta la sangre; ríe como mujik.


Es duro, su casa es un vagón de acero.


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Publicado en Revista SIGNO (La Paz), enero-abril 1994
Publicado en Arte y Cultura (Primera plana/La Paz), 1992

Imagen: Andy Warhol/Red Lenin, 1987

Acerca de un homenaje a Jaime Saenz


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Leo el homenaje de Blanca Wiethüchter a Jaime Saenz, un
buen poeta, nada más. Sólo entiendo la excesiva exaltación
como una característica nacional. Crear mitos es la forma más común de aceptar nuestra incapacidad. Mientras no rompamos con ellos no podremos jamás descollar en nada que intentemos, desde el sexo hasta la física nuclear. Basta de
mitos y basta de vírgenes, lo que Bolivia necesita es una
imparable dinámica. En un mundo de peculiares
características, hay que buscar para el país una salida
moderna, un espíritu que logre destruir este bucolismo
hipócrita que nos está llevando a la desertificación total
del ser y a convertir, hablando en términos físicos,
geográficos, la nación en no otra cosa que un gran desierto
cubierto de basura y de mierda.

Wiethüchter habla del alcohol, dice que lo que se ignora
es que éste abre puertas "que conducen a lo desconocido", sin más explicación. Es una falaz ambigüedad. Quisiera preguntarle a ella cuánto ha bebido, y si podría especificar con más detalle aquellas ignotas sendas. No hacerlo es como si alguien nos dijera que tiene algo hermoso y oscuro entre las piernas sin jamás mostrarlo.

Saenz es rescatable y valioso en la palabra, pero sin la grandeza que le dan unos por amigos, por buenos, por ignorantes, o porque siendo tan débiles y miserables como él se identifican con su verbo y su accionar. La búsqueda del alcohol es un capítulo interesante, pero no es la que nos acerca a alguna respuesta, mucho menos a la revelación.

Jim Morrison, artista excepcional, buceó en los laberintos del vicio, con mayor extensión y profundidad que Jaime Saenz, y pereció en su búsqueda. Pero en Morrison no se apologiza la miseria humana, sino que se trata de ubicar en los espacios ultraterrenos un lugar de amor y de luz, para aprehenderlo y trasladarlo a nuestro esclavizante mundo.

Los harapientos, indios venidos a la ciudad o no, no tienen otra cosa que enseñarnos que el universo es cabrón. Estos "extraordinarios seres" no debieran existir, porque no es justo que existan, mucho menos como objetos de alucinación intelectual. No podemos presumir acerca de sus visiones, o de su mirada fija ubicada en un "horizonte invisible", porque no lo conocemos. Amo al hombre que pueda
enseñarme y acompañarme en el camino con plena conciencia. Eso no evita que en el transcurso nos emborrachemos una vez, muchas veces, pero sólo como parte irrenunciable de la búsqueda, nada más. Opinar diferente equivale a hacer un "viaje" con ácido lisérgico y quedarnos allí, sin regreso. No hay nada que el alcohol pueda revelar que la disciplina mental no revele mejor, como lo sugiere mi esposa.

Volviendo al tema de los pobres: los cargadores en su completa orfandad recurren al alcohol para olvidar, recordar, o crear mundos ilusorios donde todo no es tan tremendamente jodido y desesperanzador. Llamarlos "seres extraordinarios", en el sentido en que lo hace B.W., es una burla a la pobreza, un alegato en favor de la desigualdad. Saenz tendría sus razones para beber con ellos y para tratar de hallar a su lado un sitio desconocido y sobrecogedor.

Ese humano común, sobrecargado de hambre y espanto, tiene el derecho a emanciparse de su realidad con el trago, y debiera tener el mismo derecho de liberarse de aquellos esnobistas que no encuentran en él más que un souvenir a ser expuesto en reuniones artísticas, o de ser idolatrado como el supremo poseedor del fuego por unos poetas borrachos que jamás han encallecido sus manos. Para el hombre de verdad, poetas incluidos, no hay tal cosa como la de encender el fuego con las propias manos para quemarse, ni hay Alto, ni hay Altísimo. El fuego está, ardiente siempre, en la frente y en la entrepierna de hombres y mujeres. ¿Cúal es la mentalidad del explotador? Preservar un sistema que le
permita eternizar su dominio. El artista que "explora" en el submundo sin ser capaz de hacer nada por erradicar tamaña ofensa, no es mejor que aquél.

He sido cargador en los mercados de Washington, de noche. Allí los haraposos negros y latinos hacían del alcohol más que necesidad. Y bebíamos en la parte trasera de los camiones vacíos y mezclábamos el peor alcohol con crack por cuestiones de efecto. Y cuando ya había salido la luna, los hombres salían a buscar putas. Y eran muchachas de catorce años, condenadas a muerte rápida, que se bajaban los rotos calzones por un dólar. Peso tras peso, o sexo tras sexo, para explicitar, reunían la cantidad suficiente para comprar una dosis de droga, mitad cocaína de baja ley, mitad detergente. Yo, poeta, cómo podría hacer mi exposición maestra hablando de los desconocidos mundos de los alcohólicos y la extraordinariedad de las putas, de la grandeza de esas "puertas" que se abren a lo "desconocido", cuando sí sé a donde llevan: al hambre, a la prostitución, a la pérdida del conocimiento, que es justamente lo que quieren aquellos arriba, el poder tirarnos al basurero y afirmar qué mierda somos. No, señores, lo somos porque las circunstancias así lo obligan, no porque nosotros, en una lucidez mental extraordinaria, querramos destruirnos como logro supremo, como rebelión mayor ante lo injusto, como lo deduciría un cómodo teórico.

Wiethüchter debiera hacer una separación necesaria: el accionar y la búsqueda de Saenz son válidas para él, como hombre y como artista. Y sus experiencias le sirven a él individualmente y a sus seguidores. No critico el derecho de unos u otros a decir y a hacer lo que les venga en gana. Pero no acepto ni literatura ni discursos que hieran la humanidad dándose atributos de arte. Si Saenz quería
destruirse, allá él. De ahí a filosofar sobre los ocultos universos detrás de la cortina de alcohol es pervertir una realidad desigual que debiera desaparecer. La otra cara, la del pobre que bebe hasta "morir", es completamente distinta a la primera, y no pueden los intelectuales tratar de intervenir con doctas charlas sobre lo que está o no en la mente de los míseros. Habría que aprender de Victor Hugo,
releer "Los miserables", y darse cuenta que cuando detalla el bajo mundo parisino lo hace desde una óptica que denuncia la atrocidad social; Hugo no intenta encontrar senderos escondidos de luz ni en el hampa ni en el vicio. ¿Y Dostoievski? "Soy un enfermo, un hombre malo" ¿quiere acaso en sus "Apuntes..." apologizar la maldad? Podría decir que no, que él como Donatien De Sade usa infinitos vericuetos para apuntar justamente de qué lado de la sociedad se encuentra, combativamente.

Viene al caso mencionar una crítica que hizo el lúcido Papini a la filosofía de Nietzsche, en su "Crepúsculo de los filósofos". Sugiere que toda la doctrina nitzscheana se basa única y exclusivamente en la debilidad física y moral de su autor. Zaratustra, el superhombre, son invenciones de la rica imaginación del filósofo, tratando de encontrar en teoría y palabra lo que no fue él carnalmente. Su disgusto con Wagner, presumo, viene precisamente de allí, de la diferencia entre los dos hombres: el músico, poderoso y seguro, y el poeta-filósofo, cansado de ser débil y no tener salida. Ahí se relaciona Saenz con Nietzsche, ambos se atormentaban con la debilidad. El alemán tratando de excederse hasta superarse a sí mismo, y Saenz absorto e inocuo en su tragedia personal.

Pero eso es Saenz, y déjenlo tranquilo, ya hueso o polvo, en su tumba. No mengüen con su memoria y, sobre todo, no traten de incluir en sus alucinaciones unas respuestas que ni Cristo sabía. Personalmente Saenz no me hace gran efecto. Escribe bien, pero se desubica completamente perdiendo la punta del ovillo. Al final no es Teseo ni el Minotauro, ni Icaro o Dédalo, es el Laberinto mismo y no conozco laberinto que haya encontrado donde comienzan o terminan sus propias entradas o salidas. Me duele pensar cuánto hubiera podido alcanzar Jaime Saenz si no caía en devaneos de adolescente débil.

Para hablar de lo oscuro, de la noche, como lo hace Saenz, hay que vivirla, pero eso lo hace cualquiera; lo importante es vencerla. Y, repito, haciendo las diferenciaciones necesarias sin teorizar inútilmente acerca de las conexiones de lo inconexo: el mundo de los cargadores pobres, su alcohol y su visión no tienen relación más que circunstancial con la búsqueda personal de un autor. Y, es más, tratar de hacer creer, aunque fuese cierto, que alcoholizarse es la manera boliviana de buscar cambios es sólo tinta. En ese caso nos hubiésemos quedado, ya que no en la Colonia, en el ancestral festejo de los huacas con toda su carga de miseria y borrachera. Jamás será el alcohol, instrumento de poder de curas, brujos, sacerdotes y ricos, un vehículo de revelación, ni tan siquiera de contacto con la realidad. El pobre Saenz dubitaba entre una dualidad angustiosa y doblemente ficticia: entre el alcohol y Dios, entre la mística y la niebla. Ese es un sendero yermo e interminable, la búsqueda de nada creyendo que se posee el todo. Jaime Saenz pensaba que se había iniciado pero la única iniciación está en la lucidez y no en la bruma.

No he querido criticar la poesía de Jaime Saenz, simplemente no concuerdo con su forma de ver el mundo. Y concuerdo menos con la posición de Blanca Wiethüchter, muy bien escrita, cierto. Una cosa es gustar e idolatrar a un hombre, otra cosa es confundir su realidad personal con una realidad colectiva, cultural, económica, filosóficamente distinta. Ni Saenz es un mendigo, en la extensión en que lo son los reales, ni los harapientos (que son víctimas) son maestros luminosos que nos enseñan el camino de Santiago.
1996

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Publicado en Los Tiempos (Cochabamba), agosto 1996
Publicado en Arte y Cultura (Primera Plana/La Paz), 25/08/96

Imagen: Jaime Sáenz por él mismo, 1978

Wednesday, December 30, 2009

Imaginación es la clave (Tributo a Jimi Hendrix)


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El 27 de noviembre de 1942, en Seattle, estado de Washington, nació Jimmy Hendrix, "Jimi". No es posible entender la música de este artista sin pensar en las apasionadas raíces del blues norteamericano. Las diferenciaciones arbitrarias que se hacen dentro de la música negra ignoran que sus ramas: rhytmyn and blues, jazz, rock 'n' roll vienen de un tronco común. Decir "me gusta el jazz pero no los ruidos de Hendrix" es no saber en qué terreno se pisa. Hendrix se formó en la más pura escuela del blues y del jazz clásicos. Añadió a éstos la influencia, importante entonces, de los grupos pop británicos, y la nueva lírica que fuera iniciada por Bob Dylan, blanco salido también de raíces musicales negras del campo y la ciudad.

Cuando murió, asfixiado entre vómitos y somníferos, había dejado escritas líneas para una nueva canción: La historia/de la vida es más rápida/que el pestañeo de un ojo/La historia del amor/es hola y adiós/Hasta encontrarnos de nuevo. Como letrista, Hendrix es quizá feble, aunque esa supuesta debilidad podría ser no más que una respuesta a las circunstancias que se vivían. Los sesentas no buscaban prioritariamente una estética, verbal o musical, ortodoxa. La libertad permitía la innovación, la improvisación e incluso el desvirtúo de lo que podría considerarse un arte hipócrita.

Pero no analizamos a Jimi Hendrix como a poeta formal, sino como a artista. Él representa tal vez mejor que nadie la época, y su muerte, como la de cualquier gran hombre, nos permite evitar pensar que alguna vez, en el futuro, habría traicionado sus opiniones. El defecto de vivir mucho es el de cambiar mucho también de posiciones. Por eso el único castillo válido es aquél hecho de arena, el que se lavará en las aguas o se alejará en el viento.

Es esa memoria la que nos alegra y preserva. Cada vez que Neil Young, ya cincuentón, sale a un escenario a hablar con el rock, lleva colgado de su instrumento un gran botón con el rostro del guitarrista negro. Han casi pasado treinta años, y mientras Neil Young viva, quedará el sonriente rostro de Hendrix que desmitifica, en plena guerra del Vietnam, el himno norteamericano con su guitarra eléctrica. O aquel que en el verano de amor de Monterey, California, 1967, incendia sus cuerdas y las convierte en polvo, en un antiguo rito entre música y hombre.

Hendrix pasó alrededor de cinco años actuando en bares y pequeños escenarios de Greenwich Village, Nueva York. Eventualmente lo contrataban para tocar con artistas renombrados. El año de 1966, Chas Chandler, que fuera bajista de The Animals, empresario entonces, quedó maravillado ante la magia que Hendrix ejercitaba en las noches del Village. Lo llevó a Londres. En Inglaterra, con Mitch Mitchell en la batería y Noel Redding en el bajo, creó aquello que vendría a ser The Jimi Hendrix Experience, esencial en la historia de la música moderna.

Tres semanas después de haberse juntado estos tres artistas nació Hey Joe, magistral pieza que conjuga innovación musical y afirmación negra. En Londres la subida fue vertiginosa: Are You Experienced? fue segunda en los "charts" de la época, cediendo el primer lugar nada menos que a Sgt. Pepper de los cuatro magníficos de Liverpool.

El mito habíase formado. Hendrix estaba listo para retornar a Norteamérica. Su primera presentación continental fue en el festival de Monterey ya mencionado. Vinieron los álbumes: Axis: Bold as Love, Electric Ladyland. Hendrix, ahora, aparte de sus dos compañeros, tenía colaboraciones de músicos de Jefferson Airplane, Traffic y otros.

Grabó All Along The Watchtower, de Bob Dylan, hacienda una canción diferente, muy superior a la original del autor. En ella se ve la gran capacidad creativa de Jimi. Cantar las mismas líricas no significaba imitar. La pasión y el talento pueden transformar el rostro de cualquier obra de arte, y nada mejor que All Along... para demostrarlo. Es el espíritu de quien realiza la obra lo que le da singularidad. I wanna be your man, de Lennon-McCartney, adquiere otra dimensión cuando es cantada por los Rolling Stones. Al oírla uno no piensa más en los Beatles, sus creadores, sino en Mick Jagger y los Stones, sus fundadores.

Jimi Hendrix era una leyenda del rock. Jim Morrison, de The Doors, lo idolatraba. Recuérdese aquella noche en que, ebrio y llorando, Jim se abrazó a las rodillas del guitarrista durante una actuación. Ambos habrían de compartir, a más del espíritu, la similaridad de la muerte.

Son innúmeras las canciones de Hendrix que se hicieron famosas para nosotros, en Cochabamba. Purple Haze dio lugar a la creación del conjunto Niebla Púrpura que tocaba en el Prado cuando éramos niños. The Wind Cries Mary era inevitable canción de amor para bailarla juntos. Casi diez años después de la muerte de Jimi seguíamos bailándola con una Mary, que no era en verdad ella, de turno. Highway Chile y la sutileza de la guitarra llevada al extremo. Manic Depression afirmaba que de algún modo eran nuestros ocultos talentos los que nos martirizaban y embriagaban en las tórridas tardes de domingo.

Las fotografías de Jimi Hendrix nos muestran tres etapas de su forma de vestir y, de alguna forma, transformaciones respecto de su música, aunque hablar de ello ante un artista tan creativo, cambiante e improvisador, peca de retórico. 1967 lo vestía con su chaqueta militar; 1968, época que fue recopilada en el excelente album Smash Hits, lo tenía con sombrero. Y, al fin, 1969, la bandana de The Band of Gypsies...

Hace poco se editó un disco compacto de tributo a Jimi Hendrix. The Cure y otros grandes grupos interpretan sus canciones. Hoy, si se cierra los ojos y se escucha cantar a Lenny Kravitz, pareciera ser que Jimi ha retornado...

La imaginación es la clave de mis letras. El resto está pintado con un poco de ciencia-ficción.
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Publicado en LOS TIEMPOS (Cochabamba), 03/11/1996

Imagen: Jimi Hendrix

Monday, December 28, 2009

Macha/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Contaba al escritor Hugo Ferrufino Murillo -hace 20 años- de mi idea de escribir sobre el viaje a pie de Tomás Katari de Macha a Buenos Aires. Iba a ser una historia novelada que apenas en inicio daba pautas de un realismo mágico atronador. Y no era la influencia de Gabo sino lo fascinante del tema, sumado a la impericia del narrador.

Quedó en esbozos, garabatos, garrapatas de tinta y
esperanza. Había pasado por Macha, en viajes diversos, cuatro veces. Entonces no era un maestro del textil andino, como tal vez ahora soy, y no conocía los detalles hilados de la zona, Macha misma, la cercana Pocoata, los 91 kilómetros de separación de la urbe más cercana: Potosí.

Provincia Chayanta, Potosí norte, tierra de teñido y música. De pobreza sobre todo; de polvo inmemorial y desidia. De olvido, de un monumento al prócer indio que entonces yacía descompuesto, negado. Habrá cambiado, supongo, aunque suponemos por inercia demasiado.

La gente se ha ido: quedan las mujeres, los niños, los ancianos. Vi a un macheño en Washington D.C., a otro en París -el 86-, fugado del ballet nacional para buscar mejor vida con los brazos ya que con los pies parecía no existir mejora. Se quedaron los colores, los diseños romboides de la memoria, utilizados ahora en casacas presidenciales sin mayor explicación de su procedencia. Es usual conformar grupos compactos que de homogéneos no tienen nada: nosotros y ellos, indios y blancos, negros y amarillos, sin entrar en detalles que especifican diferencias, fueren sutiles o inmensas entre unos y otros.

¿Por qué Macha ahora, en un fin de año tan lejos y tan helado? Tal vez porque el frío me trajo reminiscencias del frío, la soledad de la solitud, el cielo del azul, y cosas así que incluimos en el género de nostalgia, en la materia de melancolía, en la amplitud de nuestras razas y la intolerancia que las circunda y si no las avasalla las evade.

Macha es un hermoso nombre. Y Santiago de Macha también un hermoso nombre. Una bella conjunción especialmente, a pesar de la sangre.

Los años pasan. Las novelas que no se escribieron en papel ya fenecieron. Tiempo evanescente que todavía se puede encontrar en las filigranas naranjas, verdes, amarillas de los aksus. Se relaciona al poblado de Macha con el polvo y sin embargo abunda el color en sus tejidos, sobre una "cancha" profunda y oscura. Awayos y aksus riman primaveras con fondos negros, aunque en las piezas ceremoniales también prima la sobriedad de los grises y marrones. Tan cerca de Pocoata, recuerdo, y tan concretos y distintos sus símbolos y figuras.
28/12/09

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 29/12/09

Imagen: Awayo de Macha, departamento Potosí/Etnia quechua

El sueldo de octubre


Por voluntad propia, dejé culos e izquierdas y me metí de
obrero, cortador, pulidor de mármol, mosaiquero
Los más pobres trabajaban las piedras para los más
ricos. De las sucias manos crecían mesones verdes; negros
mármoles se convertían en preciosos lavamanos. Y de las
piedrecillas de desecho hacíamos mosaicos sin par.
Las pulidoras mojaban las opacas piedras. Y como joyas
lavadas iba apareciendo el mármol brillante. O unas piedras
llamadas "aguayo" que venían del sur del país y eran como
mantas tejidas por los huacas. Bellas y mortales. El
trabajador no tenía máscara, el polvo entraba a los pulmones
para no salir otra vez, e iba mezclado con el agua usada
para enfriar las cuchillas.
Trabajo a la intemperie. Primero romper las piezas con
gigantescos combos. Golpear y golpear hasta hallar la vena
que haría partir la piedra. Luego arrastrarlas
hasta las máquinas, cortarlas y darlas a los "maestros".
La Central Obrera Boliviana peleaba y conseguía salarios
mínimos. Era 1984. El básico aprobado era de treinta y
cinco pesos. Pero los obreros del mármol ganábamos
diecisiete, lo que equivalía a ocho dólares. Cuando cobré
el primer salario, nos fuimos a la chichería y me gasté
quince pesos. Me quedaban, teóricamente, dos pesos para
vivir el resto del mes. Esos dos fueron mis tejos de
rayuela. Al cobrar había terminado de vivir. Y en la
borrachera de aquella noche recordé mi alegría de meses
atrás, con G. Este era un mundo muy distinto y no era
mejor. Pero mis compañeros no tenían la ventaja de hacer
comparaciones, estaban condenados. Hundí así el recuerdo
de mi amor y por los casi dos años siguientes fui más célibe
que Papa nuevo.
Cuando voy de visita a alguna casa extravagante y miro
el piso digo: yo sé hacer mosaicos como éstos. Y los
dueños creen que son veleidades de intelectual.
¿1996?

Inédito

Imagen: Fotografía de obreros (¿?)

Bar Quito


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Lo llamaban "Barquito", porque en su chicha se navegaba el averno.


Ahora es bar cervecero. La cerveza era entonces muy cara. El destino no aceptaba ahorrar monedas ni para comer ni para bebidas caras. Si nos habíamos sentado a beber, eso hacíamos, literalmente. Entre Raúl, Julio y yo no teníamos espacio para abstracciones. A lo sumo nos permitíamos algo de pan, los más grandes que costaban un peso. Y no por debilidad, sino porque aquella masa nos permitiría más alcohol: mito de borrachos.


Tres hombres, tres vasos. Unos dados para decidir por azar quien habría de caer primero, porque, al final, siempre quedábamos todos de pie, o a medias pie.


Un golpe de dados: del uno al cinco son malos, el seis es tomo y obligo.


Un día de fiesta aparecimos por el "barquito" con dos botellas de whisky. Mesa por mesa, fuimos echando chorros de él en las jarras de chicha. Se jugaba rayuela, los mariachis atronaban la radio. En media hora aquello fue el infierno: peleas, llantos, vómitos. Los rayueleros jugaban de sentados, culo al suelo. Frenesí de chicha y pis.


Conservaron las dos cajas vacías por mucho tiempo, en la repisa donde tenían singanis. La última vez, antes de desterrarme a los Estados Unidos, las vi empolvadas, aún orgullosas por haber traído un poco de extremo a este valle católico.

¿1996?

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Imagen: Totochtin, los Conejos, Antiguos dioses mexicanos de los borrachos

Tiquipaya


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El sexo huele más que el eucalipto; el de ellas tres. La última es como pintada por Henri Rousseau. Piel blanca, cabellos y bajos oscuros; pezones rosa. El fondo es verde retama y en su cabeza se han plantado flores amarillas. Al pie, suaves piedras redondas. Un poco de lama y marrón de árboles, azul de cielo: la gitana desvestida.

Las llevo en colectivo. Compramos comida. Me besan.

Juego de amantes pobres. Hundidos en la quebrada de Anocaraire nos amamos, al medio de los murallones para que nos vean los pájaros.

Pasaron años. Ya huérfano de ellas retorno en la memoria y no me encuentro. Los árboles dormidos no
despertaron; un progreso de polvo y suciedad se ha ido adueñando de nuestros lechos vivos.
¿1996?

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Imagen: Henri Rousseau/Eva y la Serpiente, 1904-1905

La hija Alicia


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ahora que Alicia está enferma y que no va a la guardería, se sienta en mis faldas mientras escribo y, a mi pregunta, responde que ella no quiere escribir. Tiene menos de tres años; su pasión es dibujar en las paredes abstracciones redondas o espirales sobre todo, a diferencia de Emily que traza líneas rectas, cuadrados y rectángulos.

En Denver, Alicia decoró mi departamento de púrpuras, negros, ocres, rojos y verdes. Dejé las paredes así, para horror de los norteamericanos cuya fórmula dice: se deben limpiar las paredes. Es que me cansé de sus fórmulas, de la estupidez codificada y de las reglas jurídico-policiales. Por eso les abandonamos un hermoso graffitti para que se desmayasen.

Alicia se retiró del cuarto y la oigo hablar con su perro verde que la acompaña dondequiera. Pocos días tuve así, en tres años, para pasarlo con ellas. En este momento todo está tranquilo. En la lavandería se remojan las ropas bajo el sol, y la tierra sucia y descuidada de Bolivia me recuerda la infancia, y me hace feliz saber que mis hijas arrancan las mismas margaritas silvestres que yo.

Es tiempo de salir a visitar a los abuelos. El niño de la lavandera se va con su madre y nosotros arreglamos unas cosas para cerrar la puerta.
¿1996?

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Imagen: Jean-Gabriel Pretre/Oiseau-Mouche Sapho, 1830

La noche


La ventana es una sábana rosa y no hay cortinas. La oscuridad se adensa y el cerro se esfuma de a poco. Pero este silencio no duerme, se agita en nuestras piernas, en la respiración de las hijas, en el perro-niño que pusimos en el jardín. Aún no se disipan las explosiones de los cohetes, y, en manifestación, seguirán marchando los combatientes del Chaco hacia una derrota mayor.
Me detengo en la esquina de la plaza, y en un acto único
de hipocresía y deslealtad, todos se paran firmes ante el
himno. La abstracción los hermana, no a mí porque sigo
caminando entre los chistidos y los insultos de los dos
bandos. Pero, me dirán mis amigos anárquicos que mantiene el
gobierno, escribes de la noche y hablas de una manifestación
hecha en el día. Y les respondo: día y noche son noche, así
como las banderas rojinegras del anarcosindicalismo bien
pueden volverse rosadas cuando se las "lava". De seguro no
comprenden la relación. Mas, a decir verdad, la oscuridad
cochabambina, invisible, me ha devuelto las estrellas...
¿1996?

Inédito

imagen; James Abbott McNeill Whistler/Street at Saverne, 1858

Sunday, December 27, 2009

Un balance/NADA QUE DECIR


Estamos casi igual que hace diez años. El foco de la guerra
en el Asia se trasladó paulatinamente de Irak a Afganistán.
Implica un leve desvío de las ideas originales de George
Bush y su séquito y el mismo error. Los Estados Unidos se
desangran en una guerra que no tiene nada que ver con su
seguridad nacional. Pero está Israel, e Israel -gracias a
la poderosa comunidad judía norteamericana- obliga a que lo
sea. Guerra que debiera ser peleada por China, Rusia e
India, países para los cuales la región es decisiva. Y
habría que sumar a Irán, cuyo deseo de pulsear con los
grandes crece y para quien lo que suceda allí es un juego de
dados donde se apuesta su suerte. ¿Qué hacen los Estados
Unidos endeudándose? Es algo que Barack Obama aun no ha
comprendido, o está imposibilitado de hacerlo. Hay un
minúsculo sector de potentados en USA cuyos réditos habitan
en el conflicto. Son los que azuzan el "patriotismo" y el
miedo, patriotas ellos sólo de su bolsillo mientras la recua
se cree el cuento de Al-Qaeda o cualquier otro podrido
hematoma del fundamentalismo islámico.
Bajando por la América (ya no oigo a los indigenistas
trasnochados con su letanía de Abya Yala) las cosas no van
mejor. México que no puede zafarse del nudo de la
corrupción y el narcotráfico. ¿Qué hacer? Soltar a los
perros de las fuerzas armadas y desencadenar muerte y
tortura no soluciona nada. Bien demostraron las dictaduras
militares que fuera de su discurso de patria, familia, etc,
escondían el estupro y el robo. Los generales ladrones en
su laberinto, que no es el de Bolívar por su exagerada y
delincuente simpleza.
Colombia dando paso a la intervención otra vez, aunque en la
zona siempre operaron sicarios bajo paga del imperialismo.
Ni siquiera sé si hablamos de disyuntiva, porque parece que
el asunto remedio no tiene ya. Hay lógica, sin embargo,
cuando se tiene de vecino a un esquizofrénico payaso dito
Chávez. Con saltimbanquis así no hay seguridad de si las
cosas van en broma o en serio. Este caso patológico del
coronel, que no se despega de la memoria de cabrones tipo
Trujillo, Noriega, Batista o Somoza, aparenta ir para largo,
pero existen fuerzas con demasiado poder que lo extirparán
de su cueva como lunar descastado, dejándonos al resto igual
que siempre de perdedores endémicos.
Brasil ya es potencia y como tal se maneja en esferas
diferentes, donde los berrinches de Chávez o la altanería de
Morales pecan de circunstancialismo incómodo. Brasil juega
en otro campo, aquel donde confronta ya como par a los
Estados Unidos. Su hegemonía, gracias esta vez a un
acertado criterio político de Lula y a un boom económico, lo
alejan cada día más. Su retrato ya no es sólo el de Pelé
haciendo monerías con pelota, ahora el Brasil, el "gigante
dormido" como se lo llamaba, despertó y las reglas cambian
porque lo incluyen.
Y finalmente nosotros, los "bolitas" del continente, con un
capataz que arrecia en verborrea y que desea en un extraño
estalinismo aborigen deshacerse de cualquier interferencia.
La recua que lo persigue dora la píldora del concepto
estrecho de que las cosas son o negro o blanco. Ahora
tienen suerte, pero el azar pendula en un rango de
impalpables sutilezas. Hablar o rebuznar sirve para el
record, y encarcelar sin juicio a opositores también. Nada
permanece; es química elemental, y de pronto -un ejemplo-
se confeccionarán manteles con las sotanas de los ayatollas
de Irán.
26/12/09

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 27/12/09
Publicado en Correo del Sur (Sucre), 28/12/09
Publicado en Diario Nuevo Sur (Tarija), 28/12/09

Imagen: George Grosz/Arbeiterversammlung (Reunión de trabajadores), 1923

Thursday, December 24, 2009

Nuevo café


Cochabamba no es París. Pero París no es Cochabamba. Y
todo lo que vienen contando aquellos que purgan su miseria
en la Ciudad Luz, que para ellos es ciudad sombra, un ir y
venir entre la ciudad Sí y la ciudad No, es casi siempre
mentira, invención, cliché. "Los cafés de París..."
comienzan su cháchara, y los mentados Deux Magots y La
Coupoule, etc, vienen a ser parte del mito de una época
terminada, cuando ser pobre y artista era pase libre a la
eternidad. La Coupoule no cuenta ya con la liviandad de
Jules Pascin ni la pericia intelectual de Ilya Ehrenburg;
ahora lo/la pueblan una recua de norteamericanos masticando
chicle y japoneses inclinándose. Por favor, entonces, basta
de envidiar o causar envidias y miremos la noche
cochabambina, con su cúmulo de hermosura, café en taza de
barro, luces mortecinas, humo, un público no francés -
positivamente mucho- y la general amabilidad de nacionales,
lombardos, sardos, brasileras y españoles.
No hay lugar para generalidades, sin embargo,
conversando de café, entendiendo café igual a conversación,
cerveza, tequila y flirteo también; así como presunción,
perfidia y silencio. Buenos Aires se caracteriza por
sofisticados espacios donde la pobre imagen de John Lennon,
ídolo caído y vendido en la sociedad de consumo, sirve de
fondo para pavonearse de pagar cinco dólares por una
pequeñísima taza de tinto. De qué sirve la magia de un
sitio orlado por la memoria de grandes hombres, si
finalmente un comerciante, cualquier comerciante vestido de
dueño, se aprovecha de aquel aura y la vende como si fuese
emparedado de atún. Hay que huirle, en verdad, a la fama...
Estados Unidos, con su democratizador aire de todos los
hombres son iguales, ha hecho del café común, donde any
individual puede tomarse, en vaso de papel recubierto de
cartón para no quemarse las manos, un líquido casi
incoloro...
¿1996? (Incompleto/inédito)

Imagen: Norbert Schwontkowski/Café Real, 2009

Wednesday, December 23, 2009

21 de diciembre, 2009/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

A esta altura las fechas ya dejaron de ser símbolos. El tiempo existe; cumple-años, bodas y más son hitos de una espiral que tuvo principio y tiene fin. Al diablo boberías como vida eterna. Hay que gozar del presente y del recuerdo.

El reloj marca 10:22. Tengo el compromiso de una columna de prensa. Desde la mañana he leído textos de aquí y de allá, periodistas que tienen la lengua tan larga como los brazos a tiempo de acariciar a los amos. Se me vino el exabrupto y quiso convertirse en tinta, pero la mañana, primera de invierno formal, brilla. Pío Leyva y Los Kimbos cantan una pieza más vieja que mis pesares y alegrías juntos ("Francisco Guayabal"). Una fotografía de Edward Curtis muestra jinetes navajos al paso ante la magnitud del Cañón de Chelly, en 1904. El ámbito de mi cuarto se ha convertido en catedral, y la mirra del silencio se extiende por aquello que podría impedir la felicidad de este día.

Dejo de lado a líderes de bronce y a gobernantes de chocolate -parafraseo parcialmente a alguien-. Se esfuman los monigotes del poder local y mundial; el ritmo vértigo de un merengue dominicano barre con las liviandades de la política y seca las babas de los lameculos, mientras los navajo, al paso, se sumergen en quizá la única infinidad posible: la de la naturaleza, donde el engendro humano es un punto ni siquiera referencial.

Hay engendros queridos, sin embargo, como el sobrino Omar, Omarcito, que matrimonia a Ester en un sábado que lleva ya dos días de viejo y espera de siglos del hombre por compañía, por soslayar lo predispuesto. Y cartas... de una mujer alemana que fue y que siente también el martilleo de los nostalgiosos días o años cuyo alivio son los hijos, el viento, el agua, los cuadros de Max Pechstein mirando el brillo del lago de Constanza que se me escurrió en bamboleo de décadas.

Y cartas... de un lector ignoto en la flor del desierto: Las Vegas, que critica con soltura y dignidad mi probable ignorancia en algunos temas. Me gusta saber que lo que digo sirve a alguien, así sea para reaccionar y clarificar. No creo tener la verdad absoluta, como dice que la tienen los aymaras, aunque si fuera tal, un poco me tocaría porque si de algo no estoy seguro es de la suma de mis sangres que, entre las nativas, se entremezclan en esa difusa frontera que une y separa a Inquisivi y Ayopaya, donde murieron los míos, y mataron, cuando el sol brillaba como hoy, quemaba, y en las hondonadas penaban los muertos.
21/12/09

_____
Publicado en Opinión/Cochabamba, 22/12/09

Imagen: Edward Curtis/Cañón de Chelly, 1904

Saturday, December 19, 2009

La memoria de Zapata


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La virtual desaparición de lo que fue la izquierda boliviana, nos obliga a mirar más allá, a otras partes de la América Latina, donde, a pesar de una victimización igual o mayor por parte del neoliberalismo, aún quedan hombres y movimientos que echan suertes por un quijotismo al estilo Guevara. No hablo de guerrillas tan controvertidas como la peruana, sino de guerrillas con contenido humanista, tal el caso de la rebelión chiapaneca en el sureste mexicano.

Al subcomandante Marcos, líder de la revuelta campesina de Chiapas, se le puede acusar de muchas cosas, incluso de cierto jesuitismo. Pero todo el contenido de sus textos, más el empuje realmente popular del nuevo zapatismo, hacen la crítica superflua.

Marcos es un hombre en armas porque no existía otra manera de hacer notar la injusticia. La vía democrática, la de dar discursos y escribir editoriales fogosos como los suyos, en México, es el camino seguro de la tumba.

Los zapatistas, y Marcos que es su visible, o invisible, cabeza, son un ejemplo de que aún el dinero no puede comprarlo todo. En el panorama boliviano tal aseveración parece falsa, porque aquí sí parece que todo y todos pueden ser comprados. Es sorprendente ver a la vieja izquierda perseguida, en campañas de manos enlazadas con los que otrora fueron sus persecutores y ejecutores. Tristeza por la inutilidad de tanta muerte. Para qué las sangres. No importa ya que Pablo Neruda los conmine a "venid a ver la sangre por las calles". Fascistas e izquierdistas han lavado las manchas del pasado. Ahora, a nombre de una "democracia", sólo posible porque así le conviene a Estados Unidos, se ha levantado el imperio del lucro. Ex-revolucionarios son hoy cancilleres, sonriendo por el apreciable crecimiento de sus prestigios y economías personales. Ex-revolucionarios corren para ser los primeros en recibir la hostia de manos de cualquier cura: mucho tienen que agradecer a Dios. Ex-revolucionarios reciben las dádivas de quién sabe qué benefactores, y a nombre del siempre pobre pueblo de Bolivia construyen sus casas en los nuevos barrios exclusivos de las afueras de las ciudades. A nombre de niños, mujeres, lisiados, sirvientas, presos: los humillados del mundo, los señores crecen al amparo de las ONG y bajo el arbitrio de la ley del más pudiente. Y no hay voz que se levante contra ellos. ¿Es que nos estamos acostumbrando a agachar la cabeza y vivir de rodillas? ¿Acaso es la limosna de los ricos algo que deba ser agradecido o se necesite? Si así fuera, la historia debiera ir a parar al tacho de basura, y libros como "Memoria del fuego", de Eduardo Galeano, podrían servir como papel de desecho.

Pero en las selvas de México el sombrero que creían muerto de Zapata se ha levantado. El caudillo del sur se ha removido de la tumba cansado de oprobio. Y aquellos pobres de Chiapas, tan indios y miserables como nosotros, han dicho basta. Y ni los asesores norteamericanos, ni los mercenarios argentinos o guatemaltecos pueden detener algo que ya ha ido muy lejos para perderse.

Hubo un congreso, una reunión por la humanidad y contra el neoliberalismo hace poco en Chiapas. Transcribimos lo que Marcos dijo como preámbulo del gran evento. Este texto pasará a la historia como uno de los más concretos, audaces, reales y poéticos del siglo. Son los pobres los que hablan, los pobres que no tienen fronteras, porque la pobreza no diferencia pasaportes.

Suma importancia tiene la publicación de estos escritos en Bolivia, para mostrarnos cómo todavía se sigue luchando por algo de dignidad. Ojalá sirva para que a los izquierdistas bolivianos, si lo fueron alguna vez, se les caiga la cara de vergüenza y escondan los dólares que se multiplican como fruto de pan en sus bolsillos. Lo probable es que no, ellos ya no tienen cara, son un sonriente afiche de exportación.

¿A dónde hemos llegado? Cuando vienen presidentes a Cochabamba, se hace ocultar a los lustrabotas, a las dulceras, a los vendedores ambulantes, a los diarieros. ¿Qué se quiere mostrar? ¿que se ha llegado a tal grado de desarrollo en Bolivia, gracias al divino neoliberalismo, que no hay pobres por las calles? Siento mucho decirles, señores, que esa es la respuesta de los imbéciles. No porque a Catalina la Grande, emperatriz, se la hiciera pasear por pueblos esplendentes, hechos de cartón y sólo fachada, trabajo engañador de los políticos, Rusia llegó a ser grande. Esconder la impresionante miseria rusa no cambió la historia. No tratemos de hacer lo mismo y aparentar algo que nunca fuimos. Otras son las prioridades y ellas no deben pasar ni por la limosna extranjera, ni por la enajenación de lo poco nuestro que nos queda, y menos por tratar de mostrar una imagen ajena. Veamos el mundo alrededor y aprendamos, de donde se deba aprender, un poco de decencia.

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CAMINOS CONTRA EL NEOLIBERALISMO, NO SOLO LAMENTOS, PROPONE
MARCOS

Mensaje del EZLN en la ceremonia de inauguración
preparatoria americana del ENCUENTRO INTERCONTINENTAL POR LA
HUMANIDAD Y CONTRA EL NEOLIBERALISMO

Un periodista y videasta que cubría el alzamiento
zapatista desde enero de 1994, Javier Elorraga Berdegué, se
presentó un día como voluntario para buscar una salida
pacífica al conflicto. Lo escuché, me dio argumentos a
favor de la paz y argumentos en contra de la guerra. Me
pareció entonces un hombre de esos que creen en lo que
dicen, de los que son consecuentes con sus ideas. Le dije
que no perderíamos nada con probar. El 16 de septiembre de
1994, aniversario de la independencia mexicana, llegó con la
primera de una serie de cartas del señor Ernesto Zedillo
Ponce de León.
Después del primero de diciembre de 1994, Javier fue y
vino con mensajes del entonces secretario de Gobernación,
Esteban Moctezuma Barragán. 6 meses duró su trabajo de
enlace de paz. La última vez que lo vi fue el 8 de febrero
de 1995. Le dije que no veíamos señal alguna de voluntad de
diálogo en el gobierno. El insistió en buscar un nuevo
encuentro de paz. Saliendo de la selva Lacandona, en la
mañana del 9 de febrero de 1995, Javier Elorriaga fue
detenido y acusado de "terrorismo".
El gobierno inició una ofensiva en contra de las
comunidades indígenas de la selva Lacandona y detuvo a
decenas de mexicanos en varios puntos del país. Los acusó
de "terrorismo" y exhibió como prueba un "terrible" arsenal:
bombas de papel y algunas armas viejas. Mientras en la
prensa el gobierno se felicitaba por haber recuperado la
"soberanía nacional", en la selva Lacandona aviones suizos
bombardeaban los alrededores de las comunidades,
helicópteros norteamericanos ametrallaban la montaña,
tanques de guerra franceses ocupaban las casas de los
indígenas que huían a la selva, policías españoles
interrogaban a los sospechosos, y los asesores militares
norteamericanos revisaban con mucho cuidado un artefacto que
podía contener algún peligroso ingenio militar. Hasta el
Pentágono llegó ese artefacto y fue revisado con lo mejor y
más moderno de la tecnología militar.
Después de algunos días, los expertos entregaron su
informe a Washington y de ahí fue turnado a las oficinas de
los militares mexicanos, la policía política y Palacio
Nacional. El informe decía que todo parecía indicar que el
artefacto en cuestión, arrebatado a las fuerzas de los
transgresores de la ley, tenía toda la traza de ser... un
cochecito de juguete, hecho de plástico y metal. El informe
reportaba, además, que habían encontrado una pequeña
inscripción, probablemente hecha con plumín negro, que
decía: "Este cochecito es del Heriberto..."
Han pasado 420 días desde entonces. El señor Zedillo
está en la silla presidencial de México, el Heriberto vive
en las montañas, en su casa vive el ejército, y Javier
Elorriaga y otros 17 mexicanos están en la cárcel acusados
de "terrorismo". Uno de los 17, Joel Martínez, tiene
problemas respiratorios debido a la tortura que recibió.
Por su estado grave acaba de ser hospitalizado.
Hoy lo tienen encadenado de manos y pies, como si fuera
un animal rabioso, como si la dignidad pudiera encadenarse.
Hoy, 420 días después de que se definiera en los hechos
quién es el terrorista, queremos dedicar estas palabras.
Vale.

A JAVIER ELORRIAGA BERDEGUE Y, A TRAVES DE EL, A TODOS LOS
PRESUNTOS ZAPATISTAS PRESOS
En la definición de su futuro se definen muchas más
cosas de las que se imaginan sus carceleros.
Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional.

HERMANOS Y HERMANAS DE AMERICA:
Bienvenidos a La Realidad. Nuestro agradecimiento
especial para los hombres, mujeres, niños y ancianos de La
Realidad, que son los que nos han dado permiso y nos han
apoyado para realizar esta reunión preparatoria en su
comunidad. Quiero pedirles a todos que, juntos, saludemos a
nuestros hermanos indígenas de La Realidad.
Bienvenidos sean los hermanos y hermanas de las
delegaciones de Canadá, los Estados Unidos de América,
México, Guatemala, Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico,
Ecuador, Brasil, Perú, Chile, Uruguay y Argentina.
Bienvenidos los observadores de Francia, Alemania y España.
Bienvenidos sean los hermanos y hermanas mexicanos de la
Comisión Organizadora. Nuestro reconocimiento y saludo por
el esfuerzo que hoy se concreta.
Queremos agradecerles a todos ustedes el haber aceptado
nuestra invitación a esta reunión preparatoria y el que
hayan hecho el esfuerzo de viajar desde sus países hasta la
selva Lacandona.
Guarida de transgresores de la ley y rincón digno de
América, la selva Lacandona ya ha sido visitada por diversas
representaciones de los gobiernos de sus países. Nos han
visitado los aviones bombarderos, los helicópteros
artillados, los tanques de guerra, los satélites espías, los
asesores militares y los agentes, algunos secretos y otros
no tan secretos, de todas las dependencias de espionaje de
varios países. Todos estos visitantes tienen un objetivo
común: el asesinato y el robo. Diversos gobiernos del
mundo se han aliado con el gobierno mexicano para
combatirnos a nosotros.
La más moderna y sofisticada tecnología de guerra es
lanzada en contra de las armas de madera, los pies rotos y
el pensamiento ancestral de los zapatistas que declara sin
pena ni miedo que el lugar del conocimiento, la palabra y la
verdad está en el corazón.
La muerte moderna contra la vida ancestral. El
neoliberalismo contra el neozapatismo. ¿Por qué nos temen?
¿Por qué tanta muerte para tan pocos y tan pequeños? Porque
los hemos desafiado, y lo peor del desafío es que se
convierte en ejemplo.
El 3 de abril de 1911, esos ciudadanos de América
llamados Ricardo y Enrique Flores Magón escribían:
"Compañeros, piensen bien, sigan adelante y trabajen, sin
perder el tiempo, antes de que su ayuda llegue demasiado
tarde. Traten de entender el peligro bajo el cual nosotros
tenemos que enfrentarnos a todos los gobiernos del mundo,
los cuales ven en el movimiento mexicano la aparición de la
revolución social, la única a la que temen los poderosos del
mundo".
Hoy, 85 años después, la historia se repite. La muerte
que antes sólo nos visitaba vestida de enfermedad y miseria,
hoy viene además con uniforme verde olivo, con plomo y
máquinas de guerra.
Todas estas señales anuncian destrucción. Una verdadera
fiera multinacional armada nos persigue y trata de destruir
nuestro ejemplo. Los poderosos del mundo se molestan por
nuestra existencia y nos honran con su amenaza. Aciertan,
el desafío zapatista es un desafío mundial. Nunca lo
pretendimos, jamás lo imaginamos.
Pero puestos en ese papel, seremos lo más incómodo que
nos sea posible. Un sistema mundial hace posible que el
crimen se haga gobierno en México. Un sistema nacional hace
posible que el crimen mande en Chiapas. Luchando en las
montañas del Sureste mexicano luchamos por México, por la
humanidad y contra el neoliberalismo.
Por eso el poder mundial nos persigue, por eso nos
encarcela, por eso nos asesina, por eso quiere destruirnos.
Después de la visita de estos anunciadores de la muerte,
es un honor para nosotros el recibir la visita de ustedes,
de los que luchan por la vida, de los que luchan por la
humanidad en el continente americano.
Estamos seguros de que el viaje a La Realidad no ha sido
fácil. La Realidad nunca ha sido fácil, pero vale la pena
llegar a ella. El viaje a La Realidad es una travesía al
dolor, pero también a la esperanza.
Diversos pensamientos de diferentes naciones de América
se encuentran hoy en La Realidad. Se encuentran convocados,
no por su nacionalidad, no por su color, no por su sexo, no
por su cultura, no por su lengua. Sólo una cosa nos ha
convocado, la lucha, la lucha por la humanidad y contra el
neoliberalismo.
Hace 80 años, en 1916, el general Emiliano Zapata soñaba
que la vida y el pensamiento podían ser libres si una nueva
realidad se construía. El poder soñaba entonces su
destrucción.
Hoy, en los escritorios de los grandes generales de
México y de los Estados Unidos, hay planes diversos,
complicadas operaciones militares, y 77 variantes de
atentados, uno por cada uno de los años transcurridos desde
el asesinato de Emiliano Zapata. Y todos esos planes tienen
el objetivo de destruir La Realidad.
¿Por qué? Porque han descubierto que en La Realidad
viven seres humanos, es decir, dignos, y el poder no puede
tolerar que los seres humanos vivan.
Este es el enemigo que se nos enfrenta, el que nos
persigue, el que nos asesina, el que nos encarcela, el que
nos viola, el que nos humilla. Un poder que pretende el
absurdo de destruir La Realidad.
Eso es lo que pretenden ellos... Ellos, los que en el
poder concentran el crimen y la riqueza, los convierten en
hermanos siameses que se apropian de la una con el ejercicio
del otro.
Ellos, los que en el poder monopolizan el mañana y lo
anuncian excluyente de todo aquello que no se convierta en
cómplice o en víctima. Ellos, los que en el Poder olvidan
que acumulando poder acumulan miedo. Ellos quieren
destruir La Realidad porque en La Realidad hoy hay seres
humanos y la sola existencia de seres humanos es ya un
desafío que se puede convertir en ejemplo. Nosotros, los
todos que alimentamos el corazón y la palabra con el amargo
pan de la esperanza. Nosotros, los que en el pasado vemos
una lección y no un estorbo, los que volteamos al ayer para
aprender y no para arrepentirnos. Nosotros, los que miramos
el futuro como algo que se construye en el presente, los que
aspiramos a un mañana con todos.
Nosotros, los que balanceamos el miedo con vergüenza, la
prudencia con valor, y la indiferencia con memoria.
Nosotros, los seres humanos que existimos, es decir, que
desafiamos al poder.
Nosotros queremos transformar La Realidad, convertirla
en algo mejor, en algo nuevo, en algo bueno.
Esta es la disputa por La Realidad.
Unos por destruirla y otros por construirla.
Ellos por el absurdo de negarla a fuerza de olvido,
destrucción y muerte.
Nosotros por el absurdo de construirla de nuevo a fuerza
de historia, creatividad y vida.
Este es el dilema que venimos a pensar y a empezar a
decidir, el dilema de La Realidad. Este es el tema
fundamental y el definitivo por la humanidad y contra el
neoliberalismo. La Realidad: el dilema de su
transformación o de su destrucción.
Para resolver este dilema debemos enfrentar a un enemigo
muy poderoso, el poder vestido con el ropaje del
neoliberalismo. Sus crímenes no reconocen fronteras,
representan la globalización de la desesperanza. El
neoliberalismo oferta una nueva doctrina mundial: la
rendición y la indiferencia como únicas formas de inclusión,
la muerte y el olvido como único futuro para los excluidos,
es decir, para las mayorías. La estupidez y la soberbia
hechas gobierno en las naciones del mundo. El crimen y la
impunidad como máxima ley. El robo y la corrupción como
industria principal. El asesinato como fuente de
legitimidad. La mentira como dios supremo. Cárcel y tumba
para los otros que no sean cómplices. La internacional de
la muerte.
La guerra siempre. Eso es el neoliberalismo. Pero su
poder se basa también en nuestras fallas. A la falta de
propuestas alternativas nuestras, ellos ofrecen la
continuidad de la pesadilla.
Tenemos que ir más allá de los lamentos y proponer
nuevos caminos.
No los invitamos a sumar quejas. No los llamamos para
potenciar nuestras desdichas. No los convocamos para darle
dimensión continental a nuestra pesadilla.
Los invitamos a multiplicar anhelos. Los llamamos para
restar penalidades. Los convocamos para darle dimensión
continental a la esperanza. Que la imagen grotesca y
terrible del enemigo que enfrentamos no opaque el espejo
necesario para ver nuestro propio paso. Que no se solape en
nosotros mismos la desidia y la arbitrariedad, ocultándolas
en el crimen cotidiano de un sistema mundial que pulveriza
historia, naciones e individuos. Que no ofertemos una nueva
pesadilla de signo diferente. Que la ubicación en la cada
vez más complicada geometría política, que multiplica
centros y extremos al infinito, no signifique impunidad para
los errores ni relevo de dogmas en los pensamientos.
No nos reunimos hoy para cambiar el mundo. Nos
encontramos aquí con un propósito más modesto. Sólo para
hacer un mundo nuevo.
Nosotros.
Hoy.
Aquí.
En América.
Continente de leyendas, el americano es un pedazo de
tierra donde se citan todas las sangres del mundo.
Pueblo sin tierra, es decir, pueblo sin pueblo, el
migrante en América sueña que puede trabajar y vivir con paz
y dignidad en cualquier suelo, sin importar la frontera que
quede arriba o abajo.
Ni trabajo ni vida encuentra el migrante en las tierras
americanas, sólo guerra y humillación encuentra en estos
suelos a los que nada roba y todo da. El migrante de
América es un extraño en América. No sólo al cruzar una
frontera internacional el americano entra a la pesadilla
xenófoba, a veces basta con traspasar, aunque sea sólo
momentáneamente, una de esas múltiples fronteras culturales,
políticas, raciales, religiosas y sexuales que pulverizan
los cielos de América y hacen que el pensamiento colectivo
no incluya a más de uno. El migrante de América es el gran
solitario compuesto por millones de seres buscando. El
migrante de América es la lucha de siempre, la leyenda...
Y, entre muchas, la leyenda se hace balada y sobrevive a
la falta de libros, prensa, televisión, radio. La leyenda
de Gregorio Cortez, perseguido por los "rinchers" pero nunca
alcanzado, es la leyenda de la historia perseguida por el
olvido, la historia escapando siempre y haciéndose memoria
colectiva. La leyenda llega a La realidad y ahí representa
a todos los migrantes que se aventuran a tierras americanas
y prueban a hacerse parte de una cultura nueva sin perder la
propia.
Como a la leyenda, el poder persigue a los migrantes por
negarse a ser lo que son, por tratar de construir algo nuevo
pero diferente, algo que no destruya ni el pasado ni el
presente y que pueda tener un lugar en el futuro
norteamericano, un futuro digno, un futuro que no tenga el
horizonte de unos barrotes en la cárcel o de una lápida en
el cementerio. Como en la balada de Gregorio Cortez, el
migrante americano escapará siempre y seguirá construyendo
la memoria colectiva que el poder se empeña en destruir en
toda América y, especialmente, en...
Un país sintetiza como ninguno las grandes
contradicciones que exprimen al continente americano.
Nación levantada con el esfuerzo de migrantes de todo el
mundo, los Estados Unidos de América se levantan como
símbolo de poder y modernidad. La soberbia del poder que
suele tener su guarida en las tierras de Norteamérica, ha
conseguido que el repudio mundial que merece su política
exterior contamine, no pocas veces, al noble pueblo
norteamericano.
Pero esa soberbia del poder sólo es posible a un alto
costo para el pueblo de los Estados Unidos de América. No
sólo a las llamadas minorías latinas, asiáticas y negras,
también a los blancos, la crisis elevada a sistema
económico mundial, el neoliberalismo, cobra su elevada cuota
de dolor al norte del Río Bravo. En los Estados Unidos el
5.7 por ciento de la población económicamente activa está
desempleada, mientras que en Canadá es el 9.5 por ciento,
según estadísticas de la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico.
El pueblo de los Estados Unidos de América, esa
complicada amalgama de sangre británica e irlandesa,
española y mexicana, europea, africana y asiática,
latinoamericana e indígena, americana siempre.
El pueblo de los Estados Unidos de América, ese gran
olvidado a la hora de las solidaridades, ese gran recordado
a la hora de los reclamos. El pueblo de los Estados Unidos
de América, el pueblo que, a pesar de su gobierno, sabe
cuándo mirar hacia abajo, encontrar ahí al hermano y no a la
víctima.
No como víctimas, no como verdugos. Como lo que somos,
como hermanos, saludamos hoy al pueblo de los Estados Unidos
de América, dignamente representado en La Realidad.
Hermanos y hermanas de América:
Hoy, aquí, en La Realidad, debemos darle un lugar a la
memoria, a la historia, a ese espejo que nos recuerda lo que
fuimos, nos muestra lo que somos y nos promete lo que
podemos ser...
Hace 30 años, en 1966, después de haber estado en
ninguna parte, un hombre preparaba la memoria y la esperanza
para que la vida volviera a América. Ramón era entonces su
nombre de guerra. En uno de los muchos rincones de La
Realidad americana, este hombre recordaba, y en sus
recuerdos vivían de nuevo todos los hombres y mujeres que
vivieron y murieron por la vida de América. Su nombre y su
recuerdo fueron enterrados por los sepultureros reiterados
de la historia.
Para algunos se llamó Ernesto y se apellidó Guevara de
la Serna.
Para nosotros fue y es El Che.
En Punta del Este denunció la política del poder que,
desde las oficinas del Banco Mundial, proponía la
construcción de letrinas como solución a las graves
condiciones de miseria de los países de América. Desde
entonces la pobreza de América se ha desarrollado en la
misma proporción en que sus riquezas han sido saqueadas por
los ricos de siempre. La "letrinocracia" también evolucionó
pero sólo en el nombre. En uno de los países de América
tomó el paradójico nombre de "Solidaridad". Sin embargo, a
pesar de los espejismos nominales, el funcionamiento básico
de la "letrinocracia" sigue siendo el mismo: hoy, como
ayer, a los pobres les toca estar en el fondo de la letrina,
y a los ricos les toca sentarse en ella.
Su crítica al poder no se tradujo en el aval a las
deficiencias propias y en la apología de un sistema.
Criticando que al poder se le opusieran las mismas lógicas,
apenas maquilladas con un nuevo apellido, escribió en 1964:
"No pretendo haber terminado el tema ni mucho menos
establecido el amén papal sobre éstas y otras
contradicciones. Desgraciadamente a los ojos de la mayoría
de nuestros pueblos, y a los míos propios, llega más la
apologética de un sistema que el análisis científico de él".
Ciudadano del mundo, Che recuerda lo que ya sabíamos
desde Espartaco y que a veces olvidamos: la humanidad
encuentra en la lucha contra la injusticia un escalón que la
eleva, que la hace mejor, que la convierte en más humana.
Tiempo después la memoria y la esperanza le tomaron la
mano para escribir en su carta de despedida: "Un día
pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de
muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos.
Después supimos que era cierto, que en una revolución se
triunfa o se muere (si es verdadera). (...) Otras tierras
del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos".
Y entonces el Che siguió su camino. Al despedirse, por
decir "hasta luego", el Che decía "hasta la victoria
siempre" como quien dice "nos vemos al rato".
30 años después, en una de estas madrugadas en las que
la luna recupera pedazos de luz que el mordisco mensual del
tiempo le arrebata y un cometa disfrazado de focador hace su
posta inútil a la entrada de la noche, he buscado algún
texto sobre el cual apoyar las palabras de inicio de esta
reunión.
He ido de Pablo Neruda a Julio Cortázar a Walt Whitman a
Juan Rulfo.
Fue inútil, una y otra vez la imagen del Che soñando en
la escuela de La Higuera reclamaba su lugar entre mis manos.
Desde Bolivia llegan esos ojos entrecerrados y esa sonrisa
irónica diciendo lo que pasó y prometiendo lo que pasaría.
¿He dicho "soñando"? ¿Debí haber dicho "muerto"? Para
unos murió, para otros se durmió. ¿Quién está equivocado?
Hace 30 años el Che preparaba la transformación de La
Realidad americana y el poder preparaba su destrucción.
Hace 29 años, el poder nos dijo que la historia había
terminado en la quebrada del Yuro. Dijeron que la
posibilidad de una realidad diferente, mejor, fue destruida.
Dijeron que la rebeldía terminó.
¿Terminó?
Una rápida ojeada a la prensa de estos días puede
ayudarnos a responder:
En los últimos días de marzo se reportan diversas
manifestaciones contra las actuales políticas económicas y
de privatización que imperan en todo el Continente. El
neoliberalismo encuentra resistencias y rebeldías. Son
millones los que ignoran que la historia, y con ella la
dignidad, terminó.
El 28 de marzo las agencias internacionales Afp, Dpa,
Efe y Ansa informaron que en La Paz, Cochabamba y Santa
Cruz, en Bolivia, miles de personas se manifestaron en
demanda de aumentos salariales y en contra del proyecto de
privatización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos. En Cochabamba la policía detuvo a 250
huelguistas de hambre, en su mayoría ancianos, que
protestaban por el mismo motivo. Ancianos rebeldes ¡Viva
América! El mismo día, pero en Paraguay, los trabajadores
iniciaron una huelga general en demanda del aumento salarial
del 31 por ciento y convocaron a un referéndum sobre las
privatizaciones. La democratización de las decisiones se
opone a la imposición de medidas económicas y educativas...
En esas fechas más de cinco mil estudiantes brasileros eran
reprimidos por la policía al protestar la política educativa
del presidente Fernando Henrique Cardoso.
En Chile, miles de agricultores bloquearon las
carreteras del sur del país, en protesta por su inminente
ingreso al Mercado Común del Sur (Mercosur), lo que
significará el desempleo de más de 800 mil campesinos. El
severo ajuste económico que se aproxima en Venezuela, motivó
ya un movimiento "cacerolero" y un creciente descontento
social. La globalización económica, el crimen moderno,
encuentran resistencia entre los clientes de la muerte que
vende.
Centenares de vendedores ambulantes se enfrentaron a la
policía peruana cuando pretendían desalojarlos del centro
histórico de Lima.
Más de 20 personas resultaron heridas. Para no hacerse
criminales, algunos pobres de América intentan el mini-
microcomercio.
Es imútil, para el neoliberalismo todo ingreso que no
provenga del robo y el despojo es "ilegal". En América los
inocentes llenan las cárceles, y los culpables las sillas de
gobierno.
Fuerzas policiacas antimotines reprimieron a miles de
costarricenses en la ciudad de Santa Ana contra la
instalación de un vertedero de basura. Más de mil toneladas
diarias de desperdicio que el neoliberalismo arroja sobre el
pueblo de Costa Rica, pero no lo hará impunemente.
Las entrañas de América protestan también. Simultáneo
al anuncio del inminente incremento al impuesto al valor
agregado, un temblor de 5.7 grados en la escala de Richter
sacude la ciudad de Quito, Ecuador.
Todo esto en sólo dos días... 30 años después.
¿Terminó la rebeldía?
Hace 30 años el Che soñaba y repetía el sueño de una
realidad transformada, nueva, mejor. El sueño de la
rebeldía. Ese sueño atravesó el tiempo y las montañas y se
repitió de nuevo, igual pero diferente, en las montañas del
sureste mexicano. El sueño que hoy nos convoca es ruptura y
continuidad con ese sueño del Che Guevara, así como su sueño
fue ruptura y continuidad de ese otro sueño que desveló por
igual a Simón Bolívar y a Manuelita Sáenz. En 1816, Simón
Bolívar y Manuelita Sáenz desvelaban el anhelo de una
América unida. La historia que vende el poder nos enseña
que el fértil desvelo que liberó Colombia, Venezuela,
Ecuador, Perú y Bolivia se truncó años después por las
fronteras que con sus muros fragmentaron el sueño
bolivariano. ¿Se truncó? En 1826, Bolívar concibe la
primera conferencia hemisférica de América, el Congreso de
Panamá.
Hoy, 170 años después y en La Realidad americana, el
sueño pospuesto de Bolívar se reanuda.
Cristal y espejo, el sueño de una América mejor se
acomoda hoy en el mejor lugar para soñar en La Realidad.
Y los autores intelectuales del delirio que nos convoca,
los locos que se atrevieron antes que nosotros a soñar
nuestro anhelo son: Manuelita Sáenz, Simón Bolívar, Ricardo
y Enrique Flores Magón, Emiliano Zapata y Ernesto el Che
Guevara.
180 años, 85 años, 80 años, 30 años después, somos y no
somos los mismos.
Somos el final, la continuación y el comienzo.
Somos el espejo que es cristal que es espejo que es
cristal.
Somos la rebeldía.
Somos la necia historia que se repite para ya no
repetirse, el mirar atrás para poder caminar hacia adelante.
Somos el máximo desafío al neoliberalismo, el absurdo
más hermoso, el delirio más irreverente, la locura más
humana.
Somos seres humanos haciendo lo que debe de hacerse en
La Realidad, es decir, soñando.
Pero se me ocurre ahora que lo más importante de soñar
en La Realidad es saber qué es lo que termina, qué es lo que
continúa y, sobre todo, qué es lo que comienza...
180 años después del desvelo de Bolívar y Manuelita
Sáenz, 85 años después de la profecía de los Flores Magón,
80 años después el sueño de Emiliano Zapata, 30 años después
del sueño del Che soñando el desvelo de todos los americanos
honestos y verdaderos, el día de hoy, 4 de abril de 1996, y
en La Realidad americana, a nombre del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional declaro formalmente inaugurada la
reunión preparatoria americana del Encuentro
Intercontinental por la Humanidad y contra el
Neoliberalismo, siendo las (...) hora suroriental.
Hermanos y hermanas de América:
El gran poder mundial no ha encontrado aún el arma para
destruir los sueños. Mientras no la encuentre, seguiremos
soñando, es decir, seguiremos triunfando...
Bienvenidos hermanos y hermanas de América. Aquí en La
Realidad terminamos, continuamos, comenzamos... el sueño.
Y éste es nuestro sueño...
¡Para la América toda!
¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos
La Realidad americana, abril de 1996.

(De Libertad, órgano de la Comisión Nacional por la
Democracia en México)

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Publicado en el suplemento de la Universidad Mayor de San Simón (Opinión/Cochabamba), 1996

Imagen: Emiliano Zapata, en un grabado de Ignacio Aguirre, c. 1960
Segunda imagen: Jens Lorenzen/Die Mauer IV, Element +4, Zapata, 2009