Monday, November 21, 2011

Educando a las hijas/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La vida me ha dado dos hijas lectoras. En este instante, poco después de las siete y media del nuevo día, la menor de ellas, Alicia, libro en mano, me comenta acerca de los experimentos del doctor Mengele en el libro que lee, de Han Nolan.

Me preguntan si Auschwitz es lectura apropiada para una chica de doce, y debo responder que sí, que aunque haya espacio para la fantasía en la imaginación de ellas, también deben saber de lo que es capaz el hombre, aterrado por paranoias de raza, ideológicas, religiosas. No creo en la censura, y mantengo en casa abiertas biblioteca, videoteca, cualquier acceso al conocimiento que les sirva para acrecentar su ya ansiosa necesidad de saber. Los límites los marcan ellas, según su gusto y su deseo, con las observaciones o sugerencias que les podamos hacer para entender mejor el contexto de las historias que leen.

Emily indaga sobre los desastres del racismo, después de terminar un volumen de mitologías célticas, aproximación a sus ancestros irlandeses en primer lugar y a sus germánicos y nórdicos. La escuela a la que asisten las hijas, de "educación expedicionaria", colabora con su sentido crítico. Es una institución que como dice su nombre pone en la relación hombre-entorno énfasis especial. Los alumnos viajan a países extranjeros: a Costa Rica a estudiar la biodiversidad de la selva húmeda, a México a convivir, como lo hará la hija mayor, dos semanas con los indios tarahumaras; practican alpinismo y navegación. Hace dos meses, antes de fin de curso, pasaron cinco días en el desierto de Utah, con escasas provisiones y un galón de agua por persona, para aprender a sobrevivir, y medir las provisiones en un ambiente adverso. Ventajas, a qué negarlo, de la educación anglosajona que en contraposición a la latina predica ante todo la posibilidad de enfrentarse al problema antes de quejarse del mismo.

Por supuesto que cada una tomará su propio camino. Sin embargo lo que las nutre ahora tendrá importancia en su futuro. Crecer sin trabas espirituales, como la obligación de creer en divinidades de luz o de yeso, abiertas a cada corriente de pensamiento, sin injerencia de profetas ni ritos, servirá para ampliar su visión del porvenir. Emily leyó tiempo atrás Siddartha, de Herman Hesse y Alicia, The Motorcycle Diaries, de Ernesto Guevara. Todavía las esperan miles de páginas, en mitología unas, en historia otras, sin perder tiempo en rezos ni confesiones.
25/07/05

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 26/07/2005

Imagen: Alicia y Emily Ferrufino-Coqueugniot, 2007

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