Tuesday, November 8, 2011

Endeble tarima/MIRANDO DE ABAJO


Estamos con el MAS, por el proceso de cambio, en contra del gobierno, parecen comentarios contradictorios (que escucho) siendo simplemente reflejo de algo que jamás fue un partido político sino agrupación de caprichos de mandamases de arriba abajo, de abajo arriba, como descoyuntado trapecio, que se inclina tras las huellas del sauce… llorón.

Cuánto de lealtad existe a los muchos liderazgos dentro de esta asociación de ambiciones se hace pregunta obligada. Hasta cuándo es posible mantener una estructura basada en el pago. Se sostiene porque no han vislumbrado otra opción que no les arrebate los réditos de haberse adueñado de un país y manipulado sus finanzas al estilo de tómbola de pueblo.

La ilusión de desterrarse de Bolivia el oprobio del racismo tampoco pasa por algo más de ficción. En círculos íntimos, cerrados, de masistas en ejercicio, se denigra la personalidad del caudillo por sus orígenes distintos, y existe una frenética conspiración de burla acerca de su presencia, indumentaria, charla… Pero les sirve, y frente al público las filas se cierran para dar impresión monolítica. Poco cuesta calzar abarcas o menear chuspas en aparente solidaridad con las etnias indígenas; andar de a codo con el mandatario, dándole la ilusión de semidivinidad resulta fácil y sin peligro. A la larga, en el momento en que cambian las circunstancias, los eternos lambiscones suelen despegarse e ir a ofrecer rojiza lengua a otros que viven del halago, especie que nunca falta. Para el que queda en el trono en sala abandonada, otrora receptora de bailes y rituales, la cosa toma trágico cariz: de pronto no escucha ya el estruendo de la banda, y los murmullos alelados de los cortesanos se han convertido en silencio. Eso, en una región de feble seguridad, puede significar muchas cosas, desde el olvido intrascendente y sigiloso hasta la tragedia; desde permitir un alejamiento inocuo a alcanzar visos de castigo y martirologio.

Todo gobernante jamás puede estar seguro de su entorno. Menos Evo Morales cuya asunción removió muy delicados hilos de la historia nacional. Votos y juramentos de gente que es comprada con salarios, regalos, coimas, cargos, no son confiables. Lo que se está desarrollando es una estrategia de engaño, en la que el gobernante ocupa el papel de primera víctima. Guerra de posiciones al interior de palacio, donde bullen gérmenes de subversión con absoluta impunidad. Lo que preserva al mandatario no es su carisma o la discutible calidad de su accionar político, sino su característica de práctico estandarte mayor, bajo el cual, y con el cual, se despejan nubes de división, interregno, golpe; por ahora.
6/11/11

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 8/11/2011
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), 15/12/2011

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