Monday, November 21, 2011

La desaparición de los tejidos/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cada temporada hay menos tejidos indígenas originales en el país. Al igual que en México, los textiles producidos en China o Corea están reemplazando a los tradicionales debido a su bajo costo y a la facilidad de conseguirlos. Si se considera que para tejer un awayo se requiere el trabajo de un mes, o más, de acuerdo a la dificultad de las figuras, claro que resulta mejor obtenerlos de inmediato y a un precio módico, lo que libera a las tejedoras (en su mayoría mujeres) permitiéndoles mayor tiempo para otras necesidades.

Hay ONGs que se dedican a rescatar la tradición textil nacional; así sucede en Potolo, y en Tapacarí. La producción, paradójicamente, no está al alcance de los campesinos que la producen. Los tejidos salen para la venta al extranjero o a los turistas con precios que oscilan entre 70 y 300 dólares, imposibles de alcanzar para una familia tipo del campo. Es el dilema usual con esta clase de organismos que lucran en Bolivia en primer lugar, crean un ambiente en apariencia favorable a los trabajadores, enriquecen a una naciente y fervientemente abyecta casta de bolivianos, profesionales en su mayoría, para quienes todo interés radica en los beneficios que su servilismo les rinde, mientras que los extranjeros que trabajan en ellas consideran -más como realidad que como generalidad- a los locales en escalones inferiores a los suyos. Un detalle triste de constatar en un país que se ha habituado a vivir de limosnas y que ensalza a foráneos dudosamente eficientes y honestos a niveles de dadivosa deidad. Una casta más de las que se van formando en una Bolivia que corre de manera aniquiladora hacia un futuro aún más incierto que el del continente africano.

En semejante entorno se supone que no pueden sobrevivir y menos florecer las manifestaciones culturales nativas. Se las cambia, porque así conviene a quienes saben sacar provecho de esta miseria, por "ritos ancestrales" que sólo muestran la superficie de las posibilidades andinas y no la esencia.

Cuando hayan desaparecido los tejidos indios, bello y complejo ejemplo de cultura autóctona, gringos y políticos seguirán desvirtuando y confundiendo la significancia de ser nativo. Las cuotas de poder así lo exigen; lo hacen las del dinero. Hasta que de las etnias originarias quede una muchedumbre de desharrapados ignorantes y alcohólicos, y nada de su herencia cultural sino un grupo de inútiles ídolos que ni siquiera son suyos.
1/8/05

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Publicado en Opinión (Cochabamba), agosto, 2005

Imagen: Detalle de manta, Sorata, s. XIX

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