Tuesday, May 8, 2012

Imperator/MIRANDO DE ABAJO


Es en la sátira política donde se deben buscar los entretelones de la historia de un país. No en los decretos ni la retórica.

Navegando, sin bote, sin remos, sin mar siquiera en este enclaustramiento montañés de Colorado, encuentro una caricatura de alguien que se llama a sí mismo -bien escogido el nombre-, “belicoso”. Muestra a tres miembros del gobierno plurinacional en una terraza desde donde contemplan un incendio alrededor. Uno, el de la lira, referencia cabal ya que el presidente fue en el tiempo en que no era amo, músico, ejecuta acordes que no oímos, donde seguro canta a la belleza de creerse dueño del mundo, tan dueño que, y de ahí la referencia neroniana, goza de su capacidad de quemar su propiedad cuando le place. La Paz no es Roma, ni la colina palatina el cerro Laikakota, que no existe porque los fascistas de derecha (para diferenciarlos de los de izquierda) lo hicieron tabla rasa con ánimo de evitar un estratégico lugar desde donde el pueblo se defendiera (1971), pero el fuego es siempre el mismo, aquí y acullá. Y los emperadores también.

Los otros personajes de Belicoso son un alienígena, a no dudarlo el ministro del Interior, de pie y atento, observando más lejos que nadie, como Linceo de los Argonautas en busca del vellocino de oro (con la diferencia de que estos nautas locales ya lo encontraron), y un tercero ¿tercera?, que aparenta ser la presidenta de senadores o una geisha andrógina de actitud pasiva, aunque no distraida, detrás del lírico y el ojoso. Pero no sé, no estoy seguro, porque la he visto en fotos, en el estrado del poder, con la jeta levantada hacia el cielo, mas parecida a las lobas de Machecoul que a dulcísima japonesita.

Que el país se incendia, basta verlo. Milagro que no queden ya solo cenizas del entretenido desmadre. El bardo en cuestión avienta coplas que rezan: ¡Fría, tienes el alma tan fría!, dedicándolas -pienso- al gentío que lo elevó del anonimato. Pero, sutil satirista, en realidad se las dice a sí mismo. Tal vez, ya que es Dios redivivo (eso implicaría que alguna vez Dios ha muerto), considera que sus límites sobrepasan los de cualquier humano, y que la milluda que le concedieron los narcoamautas lo blinda para la eternidad. De deseos vanos similares están llenos los nichos, en el modesto cementerio cochabambino y en la Chacarita. Vamos, a qué jugar, que la vida nos viene y se nos va a todos, y que el de polvo eres al polvo has de volver implica más que una metáfora. Si no, hasta da pena decirlo, y eso que mucha pena no le tengo, miren al imperator de Caracas constreñido a una silla de ruedas, con pañales de infante ¿Dónde quedaron las charreteras y la gloria? Que alguien me responda.

Observo, sin embargo, que Evo Morales no llora mientras tañe el arpa. De Nerón sabemos que sí. Pero, bueno, Nerón viene de la dramática Italia, y Evo de la adusta pampa donde no hay lágrimas, donde cualquier agua se seca de inmediato o se convierte en hielo. Y comprendo al fin a Belicoso, en sus líneas que hablan de frialdad/crueldad y en la ausencia de lagrimones: que estamos en manos de un individuo que no apuesta un carajo por el futuro, por el nuestro, y para quien las edificaciones y los hombres resultan lo mismo, leños a los que se quema sin distinción. Las letras de un huayño se elevan desde el incendio, desde los que sufren, los del fondo. Arriba, en los olimpos de los dioses, vive y suena, con estereo, el carnavalito.
06/05/12

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 08/05/2012

Imagen: Cocalero con corona de hojas de coca/Foto Reuters

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