Tuesday, September 4, 2012

Asnales/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Le diría a Percy Fernández que a quienes hay que enterrar no es a los periodistas sino a gente como él: metemanos, preñadores, la indecente cáfila -cada vez peor- que tiene de rehén a este país demudado y desnudo.

Ya basta. Hay que defenderse y hablar de frente, que la verdad nunca debiese pelear con la ética. Treinta años de democracia y no hemos logrado comprender que enojarse, despotricar, declararse en sedición, pedir alejamiento de autoridades, desmentir su vocación, no significa convocar al “golpe”, desestructurar el falso esqueleto de lo que llamamos “gobierno elegido”, sino manera en que quizá las cosas varíen de rumbo. Si para eso se necesita deshacerse de personajes que simplemente no caben, es imperativo hacerlo por higiene.

Demasiados remilgos en encarar los tejemanejes de los ladrones, porque otra cosa no son, que quede claro. Jamás vi en la papeleta de votación un asterisco que dijese que el voto daba carta blanca para el robo. Entonces, si se desvirtúa el sufragio, quien resultare elegido será siempre y de entrada impostor. Y el espejismo termina allí, en la sencilla frase que se repite por las calles: “no voté para esto”.

Lo del alcalde de Santa Cruz hablando acerca de algunos periodistas y de la prensa, ejemplifica la insania de los poderosos. En Bolivia se dice de todo y no de la mejor manera. Me refiero a que se hablan huevadas y que los “padres de la patria” batallan con denuedo para demostrar cuál es el más cojudo. Meritocracia del absurdo, de la suprema imbecilidad, de una putocracia insoportable no por lo gay sino por su condición feudal, por creerse eterna ama del derecho de pernada, siendo todos nosotros la jovencita abusada; como colectivo, como país.

Cierto, y se lo viene diciendo desde hace tiempo, que en el horizonte parecen no existir perfiles con calidad de reemplazantes. Resulta terrible averiguarlo, comprenderlo, digerirlo. Muy mal hemos de estar si no contamos con elementos para suplantar a los actuales, que de inteligentes, diestros, honestos y transparentes no tienen nada. Difícil creer que no podamos producir un poco de arena fina para ocupar el lugar del lodo. Tal vez nos equivocamos de profesión, o de geografía, o este cuento de hadas se ha tornado oscuro, produciendo un nuevo género literario, la fantasía negra.

En situaciones semejantes los antiguos hebreos crearon el mito del diluvio, extraído de los sumerio/acadios y presente a la vez en otras sociedades dispersas y diversas. Los maderos que eventualmente rescatan del monte Ararat, o detalles que quieren condicionar el asunto a un hecho histórico, eluden la metáfora del mismo, muy simple: la de uno o varios acontecimientos que ocurren, y deben ocurrir, para “limpiar” la escoria que deviene del uso y abuso de oro y dominio. Gigantesco “golpismo” milenario, que más semeja acto de supervivencia que de sedición.

Agua para diluvio no tenemos. Muy poca a beber, y menos para lavarse. O si la hay, a los que gobiernan no interesa. Miren -para afirmarlo- cómo se desviven por drenar los recursos hídricos del Tipnis para introducir esa plaga que dicen cocaleros, y que hoy por hoy es enemigo principal. Sin embargo, su ausencia no nos priva de producir cataclismos. La metáfora del agua puede intercambiarse por la del fuego, el viento, la sangre.

Así como “ellos” dicen y hacen lo que les venga en gana, también “nosotros”. Nos asiste el mismo derecho. A los elegidos los escogieron los electores, y no dimos carta blanca de prepotencia ni eternidad. Como elegimos, removemos.

Cada uno de estos señores, señoras… y terceros, jura que vino para quedarse por encima del gusto popular. Se lo leyeron en la carta astral, que en su caso era la carta asnal.
03/08/12

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Publicado en El Día (Santan Cruz de la Sierra), 04/09/2012
Imagen: Goya/Tú que no puedes

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